dulcinista
Poeta veterano en el Portal
Ahora recorrida ya la mitad de mi vida
recuerdo una mirada paseando por el puerto
de una ciudad brumosa azotada por la lluvia
que cae lentamente sobre mi memoria.
Recuerdo unos bellos ojos azul turquesa
de camino al trabajo humillante y tedioso.
Hermoso cuerpo por el que asomaba el placer.
Solo fue un instante, un cruzarse las miradas
pero ese día el trabajo fue un poco más alegre.
La imaginación conseguía que mi monótona vida
se tornase en algo un poco más soportable.
Después supe que se llamaba Olga, la menor
de tres hermanos nacidos de padres republicanos.
Al llegar al trabajo el jefe con cara de bestia
gritaba como loco por un minuto de retraso.
De tanto cruzarse nuestras miradas, nuestras almas
intimaron y se desearon nuestros cuerpos.
No fueron aquellos días demasiado felices,
pero sus bellos senos y su cuerpo lascivo
aún perdura en mi memoria que no puede decirse
que guarde para mí muchos momentos agradables.
No sé dónde andará ahora, desapareció de mi vida.
También murió mi jefe, de rabia y de avaricia.
Eladio Parreño Elías
29-Julio-2011