Alex Courant
Poeta adicto al portal
Redoble de campanas en la tarde
que no termina de cesar, ni cesa.
Mi paso tras su paso fue algo vano,
del cielo me llegaba una tormenta
o tal vez eran lágrimas al rostro
que lloraba en un llanto antes soñado,
con ese sin sentir que se despierta,
en algún despertar, triste y lejano.
Apenas, en silencio, fue un instante
que mis brazos soltaron a este tiempo
y otros brazos, sabiendo, me acercaron
hacia el pecho trémulo en su cuerpo.
Mi corazón se convirtió en palabra
para que el viento la escribiera luego
y cruzara desierto, lodo, mar,
siendo la voz que se repite en su eco.
Sabor a nada tengo entre los labios,
el invierno es dolor en primavera,
las moscas florecidas en verano
acompañan, solícitas, mi tierra.
Como el mar que al tocarse mar se toca
y en su memoria el polvo, gris, renace,
el otoño ha caído de las hojas,
las rosas invernaron en mi sangre.
que no termina de cesar, ni cesa.
Mi paso tras su paso fue algo vano,
del cielo me llegaba una tormenta
o tal vez eran lágrimas al rostro
que lloraba en un llanto antes soñado,
con ese sin sentir que se despierta,
en algún despertar, triste y lejano.
Apenas, en silencio, fue un instante
que mis brazos soltaron a este tiempo
y otros brazos, sabiendo, me acercaron
hacia el pecho trémulo en su cuerpo.
Mi corazón se convirtió en palabra
para que el viento la escribiera luego
y cruzara desierto, lodo, mar,
siendo la voz que se repite en su eco.
Sabor a nada tengo entre los labios,
el invierno es dolor en primavera,
las moscas florecidas en verano
acompañan, solícitas, mi tierra.
Como el mar que al tocarse mar se toca
y en su memoria el polvo, gris, renace,
el otoño ha caído de las hojas,
las rosas invernaron en mi sangre.
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