eduardocarpio
Poeta adicto al portal
Redondillas
Plácido y pleno el estío
-¡qué claridad de paisaje!-
doraba la espiga el traje
ante un sol en pleno avío.
No tenía el cielo escalas,
era suma la colina,
y las frondas de la encina
se mezclaban con las alas.
Y la brisa diminuta
ya sería buen sosiego,
y más alta gracia luego,
si por opaca permuta.
Se ofrecen los suelos rasos
bajo el azul de los cielos,
desiertos para los duelos,
colman vida en los ocasos.
Llega la noche de ruta,
templa la brisa el rocío,
repone un grillo su brío
en el hueco de la gruta.
Parpadeaban centellas
los ojos de la aceituna;
por lo alto va la luna
y el gozo de las estrellas.
eduardocarpio
11 de diciembre de 2012
Plácido y pleno el estío
-¡qué claridad de paisaje!-
doraba la espiga el traje
ante un sol en pleno avío.
No tenía el cielo escalas,
era suma la colina,
y las frondas de la encina
se mezclaban con las alas.
Y la brisa diminuta
ya sería buen sosiego,
y más alta gracia luego,
si por opaca permuta.
Se ofrecen los suelos rasos
bajo el azul de los cielos,
desiertos para los duelos,
colman vida en los ocasos.
Llega la noche de ruta,
templa la brisa el rocío,
repone un grillo su brío
en el hueco de la gruta.
Parpadeaban centellas
los ojos de la aceituna;
por lo alto va la luna
y el gozo de las estrellas.
eduardocarpio
11 de diciembre de 2012
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