Reencuentro
La vida es un espejismo,
un abismo de emoción,
la ilusión y el mecanismo,
de una encendida canción.
A punto estoy de llegar,
a un secreto inmaculado,
después de mucho buscar,
lo tenía camuflado
entre mi mente y el mar.
Al mirar hacia el abismo,
ya no veo oscuridad,
solo un eco de mí mismo,
reflejando mi verdad.
Subido al carro de Apolo
surco los mares del cielo,
orgulloso de encontrar
las emociones dormidas,
en cama de terciopelo.
Y al mecerse en su vaivén
mi alma dejó el desvelo,
descubriendo el dulce bien
de habitar en su consuelo.
No hay temor ni confusión,
ni cadenas ni quimera,
solo un canto en el rincón
de una eterna primavera.
Ya no busco lo lejano,
ni la gloria ni el poder,
solo ofrezco mi otra mano
al que quiera renacer.
La vida es un espejismo,
un abismo de emoción,
la ilusión y el mecanismo,
de una encendida canción.
A punto estoy de llegar,
a un secreto inmaculado,
después de mucho buscar,
lo tenía camuflado
entre mi mente y el mar.
Al mirar hacia el abismo,
ya no veo oscuridad,
solo un eco de mí mismo,
reflejando mi verdad.
Subido al carro de Apolo
surco los mares del cielo,
orgulloso de encontrar
las emociones dormidas,
en cama de terciopelo.
Y al mecerse en su vaivén
mi alma dejó el desvelo,
descubriendo el dulce bien
de habitar en su consuelo.
No hay temor ni confusión,
ni cadenas ni quimera,
solo un canto en el rincón
de una eterna primavera.
Ya no busco lo lejano,
ni la gloria ni el poder,
solo ofrezco mi otra mano
al que quiera renacer.