danie
solo un pensamiento...
Las cielos del mañana lloran tu nombre
en frías lápidas del cristal de ababoles,
en los sueños de un manchón del musgo
y el crepúsculo en ruinas.
Los trigales sangran por dentro
en neófitas pancartas del recuerdo,
en memorias con rostros de los espejos,
esos que reflejaban el alba dormida en tu pelo.
Un ábaco cuenta infinitamente el tiempo,
el tiempo que no pasa más sin tu cuerpo
Tu rastro se ha perdido
y ni el viento pudo encontrarlo,
el sol partió en las penas de las nubes
para ya no volver.
La noche yace en tu litera
soñando con la sombra de tu piel,
buscando la manera de excavar la tierra
de hallar la rosa sepultada en la sal,
de hallarte en la laguna junto a la luna y sus senos,
donde pudo hundirse
como una piedra en el mar.
Lejos en la niebla olvidada
que mece a los tajamares,
al tizne viscoso de la soledad,
el horizonte y su sabana navega con tu recuerdo
escondido detrás del mogote de un ciprés.
Danza tu espíritu con la marejada del céfiro,
con las lágrimas que caen del cielo,
con las cenizas de la tristeza,
con el llanto del río
y las semillas que surcan la tierra.
Es que lejos, muy lejos de esta verdad
se pinta un vergel, un arcoíris nace de una flor,
brotan las verdes hojas en las alas de las golondrinas
y se escucha un orfeón que baja de las colinas.
Tú partiste para darle vida a otro mundo
y dejar a este cadáver en letanía.
en frías lápidas del cristal de ababoles,
en los sueños de un manchón del musgo
y el crepúsculo en ruinas.
Los trigales sangran por dentro
en neófitas pancartas del recuerdo,
en memorias con rostros de los espejos,
esos que reflejaban el alba dormida en tu pelo.
Un ábaco cuenta infinitamente el tiempo,
el tiempo que no pasa más sin tu cuerpo
Tu rastro se ha perdido
y ni el viento pudo encontrarlo,
el sol partió en las penas de las nubes
para ya no volver.
La noche yace en tu litera
soñando con la sombra de tu piel,
buscando la manera de excavar la tierra
de hallar la rosa sepultada en la sal,
de hallarte en la laguna junto a la luna y sus senos,
donde pudo hundirse
como una piedra en el mar.
Lejos en la niebla olvidada
que mece a los tajamares,
al tizne viscoso de la soledad,
el horizonte y su sabana navega con tu recuerdo
escondido detrás del mogote de un ciprés.
Danza tu espíritu con la marejada del céfiro,
con las lágrimas que caen del cielo,
con las cenizas de la tristeza,
con el llanto del río
y las semillas que surcan la tierra.
Es que lejos, muy lejos de esta verdad
se pinta un vergel, un arcoíris nace de una flor,
brotan las verdes hojas en las alas de las golondrinas
y se escucha un orfeón que baja de las colinas.
Tú partiste para darle vida a otro mundo
y dejar a este cadáver en letanía.