El Arbol
Poeta recién llegado
"REFLEJOS"
Sostengo esta pluma que ya no me deja escribir,
la tinta solo derrama sin rumbo.
Sumergido nuevamente en un vientre,
sin embargo, es la tierra misma.
¿Quien se dispone a engendrar?
Mi mente quiere expresarse pero se le ha olvidado como;
mientras seguimos sentados sobre los altares de marfil
en la placenta de barro vamos tomando forma.
Gestados en un oscuro y húmedo rincón,
nacemos desprotegidos entre las hojas sin vida
donde las letras pierden la razón para entregarse a la demencia.
Moviendo las piezas del tablero de ajedrez,
vislumbro tu rostro de sombra, soplo de viento insano.
Y a pesar de todo me sonríes,
de tus ojos sin párpado no se escapa ni un sollozo.
Con tu plácida expresión me miras,
consuelas mi penitente alma en lo absurdo
junto con la tinta que riega este papel errante.
La nostalgia me atiborra, descubro las ideas devoradas;
carcomidas hasta los albugíneos huesos de este
libro forrado con mi carne, aún se roen
los restos sin vida en sus arañadas paginas.
Así que observo detenidamente
el reino de la misantropía,
con todo y sus diablos que degeneran la tierra
mientras caminan soberbios los incompetentes.
Ay de ti, espejo difuso donde se plasman
cicatrices atroces; heridas ígneas en mi mente,
espadas de roca volcánica
entre las catacumbas de mi ser.
Solo la púrpura lluvia del viñedo
Puede lavar tus ropas contaminadas.
Sostengo esta pluma que ya no me deja escribir,
la tinta solo derrama sin rumbo.
Sumergido nuevamente en un vientre,
sin embargo, es la tierra misma.
¿Quien se dispone a engendrar?
Mi mente quiere expresarse pero se le ha olvidado como;
mientras seguimos sentados sobre los altares de marfil
en la placenta de barro vamos tomando forma.
Gestados en un oscuro y húmedo rincón,
nacemos desprotegidos entre las hojas sin vida
donde las letras pierden la razón para entregarse a la demencia.
Moviendo las piezas del tablero de ajedrez,
vislumbro tu rostro de sombra, soplo de viento insano.
Y a pesar de todo me sonríes,
de tus ojos sin párpado no se escapa ni un sollozo.
Con tu plácida expresión me miras,
consuelas mi penitente alma en lo absurdo
junto con la tinta que riega este papel errante.
La nostalgia me atiborra, descubro las ideas devoradas;
carcomidas hasta los albugíneos huesos de este
libro forrado con mi carne, aún se roen
los restos sin vida en sus arañadas paginas.
Así que observo detenidamente
el reino de la misantropía,
con todo y sus diablos que degeneran la tierra
mientras caminan soberbios los incompetentes.
Ay de ti, espejo difuso donde se plasman
cicatrices atroces; heridas ígneas en mi mente,
espadas de roca volcánica
entre las catacumbas de mi ser.
Solo la púrpura lluvia del viñedo
Puede lavar tus ropas contaminadas.