IgnotaIlusión
El Hacedor de Horizontes
Que se muera el creador,
que todo dios sienta su propio cólera,
que desde los suelos ascienda la lluvia,
que se invierta el tiempo,
que se canse el viento de tanto empujar,
solo así conoceremos la soledad
de un alma que dejará de existir,
cuando la muerte encuentre muerte,
aún sin buscar vida,
será en aquel momento,
¿será su lamento condena o milagro?
cuando la suerte no perciba sueños,
ni persiga dueños,
los remos de la cordura serán nuestros,
será lo que la huida otorgue,
lo que las ruinas cedan,
lo que la vida aviste,
será lo que la rima pinte,
lo que la cima admire,
entre mano y lienzo,
la creación se asoma por nuestros ojos,
las rosas se abrirán
como si fuesen vórtices,
como si las realidades se sembraran,
y los astros se abrazaran,
en una última eternidad,
desearíamos todas las lunas,
a pesar
de la gula que carcome al firmamento,
explotaremos si hemos de comer,
por donde algún ser ha pisado
el más pesado saber divino,
aún sin conocer sus sendas,
sin lograr ser adivino,
quisiéramos tan poco,
para tanto espacio regalado,
porque el universo es nuestro patio,
y nuestro tiempo nuestro recreo,
no le negaremos al cuento su final,
escribiremos con paso coloso,
profundizaremos en los textos
las palabras,
para recorrer
más a gusto
sus significados,
sus sábidas atemporalidades.
que todo dios sienta su propio cólera,
que desde los suelos ascienda la lluvia,
que se invierta el tiempo,
que se canse el viento de tanto empujar,
solo así conoceremos la soledad
de un alma que dejará de existir,
cuando la muerte encuentre muerte,
aún sin buscar vida,
será en aquel momento,
¿será su lamento condena o milagro?
cuando la suerte no perciba sueños,
ni persiga dueños,
los remos de la cordura serán nuestros,
será lo que la huida otorgue,
lo que las ruinas cedan,
lo que la vida aviste,
será lo que la rima pinte,
lo que la cima admire,
entre mano y lienzo,
la creación se asoma por nuestros ojos,
las rosas se abrirán
como si fuesen vórtices,
como si las realidades se sembraran,
y los astros se abrazaran,
en una última eternidad,
desearíamos todas las lunas,
a pesar
de la gula que carcome al firmamento,
explotaremos si hemos de comer,
por donde algún ser ha pisado
el más pesado saber divino,
aún sin conocer sus sendas,
sin lograr ser adivino,
quisiéramos tan poco,
para tanto espacio regalado,
porque el universo es nuestro patio,
y nuestro tiempo nuestro recreo,
no le negaremos al cuento su final,
escribiremos con paso coloso,
profundizaremos en los textos
las palabras,
para recorrer
más a gusto
sus significados,
sus sábidas atemporalidades.