Reflexión 14

IgnotaIlusión

El Hacedor de Horizontes
Si la tierra
contaminase nuestros pulmones,

si la vida fuera solo asfixia,

si a la huida el vacío le temiese,

guíennos, albores de ciegos días,
dígannos que somos afortunados,
miéntannos con la muerte en frente,
si es que pueden,

condénennos a la oscuridad más intensa,
que de cuentos sabemos los creyentes,
de rumores de vientos negros,
y de tintas rojas, la sangre escribe,

písennos, noches de avaricia,
cuéntennos como cadáveres,
cuenten cada gota
que ha manchado el suelo,
hagan de nuestra sangre nuevos tiempos,

nuevas vidas,

contemplen la herida encontrada,
la misma que a dios lo sentenció,

conviertan el vino en agua,
simulen una batalla perfecta,
una vida con un propósito
más grande que el mismo universo,

lamentos se perciben en cada esquina,
de precipicio e incertidumbre,

hambruna celestial,

y la manzana fue solo placebo,
ahora se comprende la maldad del cielo,
y en los suelos quedará nuestra marca,

que será borrada
por su misma destrucción,

paraíso venenoso,
sus criaturas deambulan sin corazón,
será el odio el que copta sus cuerpos,
la crueldad natural,
la madre de toda existencia,
el primer causante de todo dolor,

así ha nacido el primer ser,
con un deseo muerto,
que lo invita a explorar su sufrimiento,

hasta morir completamente,

fluyen los cauces hacia el centro,
como si la gravedad los empujara,

hemos de ceder nuestra fortuna,

nuestra suerte que se acostumbra
a las dunas rebeldes del tiempo,

pero siempre marcará cero,

por siempre todo lo conocido,
será camino contado,

y todo lo imaginado,
será final acabado,

seremos silencio completo.
 
Si la tierra
contaminase nuestros pulmones,

si la vida fuera solo asfixia,

si a la huida el vacío le temiese,

guíennos, albores de ciegos días,
dígannos que somos afortunados,
miéntannos con la muerte en frente,
si es que pueden,

condénennos a la oscuridad más intensa,
que de cuentos sabemos los creyentes,
de rumores de vientos negros,
y de tintas rojas, la sangre escribe,

písennos, noches de avaricia,
cuéntennos como cadáveres,
cuenten cada gota
que ha manchado el suelo,
hagan de nuestra sangre nuevos tiempos,

nuevas vidas,

contemplen la herida encontrada,
la misma que a dios lo sentenció,

conviertan el vino en agua,
simulen una batalla perfecta,
una vida con un propósito
más grande que el mismo universo,

lamentos se perciben en cada esquina,
de precipicio e incertidumbre,

hambruna celestial,

y la manzana fue solo placebo,
ahora se comprende la maldad del cielo,
y en los suelos quedará nuestra marca,

que será borrada
por su misma destrucción,

paraíso venenoso,
sus criaturas deambulan sin corazón,
será el odio el que copta sus cuerpos,
la crueldad natural,
la madre de toda existencia,
el primer causante de todo dolor,

así ha nacido el primer ser,
con un deseo muerto,
que lo invita a explorar su sufrimiento,

hasta morir completamente,

fluyen los cauces hacia el centro,
como si la gravedad los empujara,

hemos de ceder nuestra fortuna,

nuestra suerte que se acostumbra
a las dunas rebeldes del tiempo,

pero siempre marcará cero,

por siempre todo lo conocido,
será camino contado,

y todo lo imaginado,
será final acabado,

seremos silencio completo.
El sendero de la sombra.

Saludos
 

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