Reflexión 22

IgnotaIlusión

El Hacedor de Horizontes
En el cielo se aprecia
la etereidad de la tarde,
que sangra ilusiones,
que como enjambre nos condiciona,

cae la lluvia,
como cae el sol
para que la noche gobierne,
caen las lágrimas,
como cae el tiempo,
para que el futuro no pueda llorar,
para que no pueda existir,

y aún se tuerce la voluntad del cielo,
se retuerce entre un fuego áureo,
de pulcra virtud,
y pútrida avaricia,

piensa aquel dios,
en algún sendero que lo pueda entretener,

más sabemos del tiempo
por nostalgia que por placer,

la magia del dolor es tan curiosa,
que a la vida la deja siempre en duda,
y cuando se aprecia su esencia,
es cuando la parca comienza a esperarnos,

hemos de temerle a la muerte,
porque la vida es sentimiento,
porque el viento nos otorga responsabilidad,
y sin edad estamos muertos,

tuerto clamor,
cruento dios acosador,
nos liberaremos de esta cárcel,
cuando las cadenas
nos quiten nuestras vidas,
y vomitemos agonía,

se mece la tierra,
invirtiendo sus polos,

se conocen sus desastres,
así como sus inicios,

se esparce la nueva vida
sobre horridos restos
de dudosa oscuridad,
nuestra falsa luz se revela,
hambrienta,
dentro de poco seremos
horizonte voraz,

seremos pozos profundos,
de infierno ordenado,

claudicarán
las flamas que arden vigorosas,
cuando se incinere
hasta la mínima reminiscencia
de todo virulente silencio.
 
En el cielo se aprecia
la etereidad de la tarde,
que sangra ilusiones,
que como enjambre nos condiciona,

cae la lluvia,
como cae el sol
para que la noche gobierne,
caen las lágrimas,
como cae el tiempo,
para que el futuro no pueda llorar,
para que no pueda existir,

y aún se tuerce la voluntad del cielo,
se retuerce entre un fuego áureo,
de pulcra virtud,
y pútrida avaricia,

piensa aquel dios,
en algún sendero que lo pueda entretener,

más sabemos del tiempo
por nostalgia que por placer,

la magia del dolor es tan curiosa,
que a la vida la deja siempre en duda,
y cuando se aprecia su esencia,
es cuando la parca comienza a esperarnos,

hemos de temerle a la muerte,
porque la vida es sentimiento,
porque el viento nos otorga responsabilidad,
y sin edad estamos muertos,

tuerto clamor,
cruento dios acosador,
nos liberaremos de esta cárcel,
cuando las cadenas
nos quiten nuestras vidas,
y vomitemos agonía,

se mece la tierra,
invirtiendo sus polos,

se conocen sus desastres,
así como sus inicios,

se esparce la nueva vida
sobre horridos restos
de dudosa oscuridad,
nuestra falsa luz se revela,
hambrienta,
dentro de poco seremos
horizonte voraz,

seremos pozos profundos,
de infierno ordenado,

claudicarán
las flamas que arden vigorosas,
cuando se incinere
hasta la mínima reminiscencia
de todo virulente silencio.
Unas sabias letras compuestas de varias reflexiones.

Saludos
 

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