Reflexión 24

IgnotaIlusión

El Hacedor de Horizontes
Se levanta el sol,
aún cabizbajo, vive como puede,
su deber es el calor de nuestra tierra,
promulgar la existencia,
y negar todo fin,

la podredumbre camina acostumbrada,

es la esencia del hombre,
la voluntad que degrada todo suelo,

su verdad ha de enterrarnos
por donde el cielo no ilumina,

la podredumbre acorrala,
en un camino que tiende a decaer,

se hunde profundo mi cuerpo,
que aún escarba buscando un respiro,

encuentro un espacio estrecho,
mi alma ya no me siente,
la mudez del viento
me señala que ya estoy muerto,

se despierta la noche,

todo lo que toca
se desvanece en la imaginación,
de aquellos que sueñan con escapar,

pierden todo rastro de su vida,

mientras tanto,
yo vislumbro oscuridad,
nada más afín a la existencia,
porque la vida es temor,
es el dolor del creador,
el final de cada sueño,

la fe se viste de futuro,
pero es solo pasado,
de un querer que seda al presente,

no hay tiempo que desee ser recordado,
porque los dados del destino
son impredecibles,

la fe cava en el presente,
pecados y halagos,
para crear un nuevo paraíso,
en donde la mente no sea un escape,
y la muerte sea comienzo infernal,

la fe es cimiento de dolor,
de ardores y amores muertos,
monumentos a seres que han sufrido,

los astros han dejado de rotar,
la vida no piensa,
se mantiene alejada del saber,

como lobo y luna,
como tierra y cielo,

como tinta y libro,
las palabras se reagrupan,
como si el viento nos quisiera hablar,
y decirnos cuanto ha vivido,
cuanto ha observado,
en las manos de la historia,

cuanto dios se ha cegado,
y cuantos han creado distracciones,

porque la historia no la escribe el tiempo,
ni el sol, ni los vientos,

la luz que ilumina al poderoso,
se hace eco entre corrientes
de cauces benditos,

bendecidos por poder,

creados para matar el cuestionamiento,

para desvanecer toda posibilidad de saber,

que el mal siempre gobierna,

y siempre deberá de silenciarnos.
 
Se levanta el sol,
aún cabizbajo, vive como puede,
su deber es el calor de nuestra tierra,
promulgar la existencia,
y negar todo fin,

la podredumbre camina acostumbrada,

es la esencia del hombre,
la voluntad que degrada todo suelo,

su verdad ha de enterrarnos
por donde el cielo no ilumina,

la podredumbre acorrala,
en un camino que tiende a decaer,

se hunde profundo mi cuerpo,
que aún escarba buscando un respiro,

encuentro un espacio estrecho,
mi alma ya no me siente,
la mudez del viento
me señala que ya estoy muerto,

se despierta la noche,

todo lo que toca
se desvanece en la imaginación,
de aquellos que sueñan con escapar,

pierden todo rastro de su vida,

mientras tanto,
yo vislumbro oscuridad,
nada más afín a la existencia,
porque la vida es temor,
es el dolor del creador,
el final de cada sueño,

la fe se viste de futuro,
pero es solo pasado,
de un querer que seda al presente,

no hay tiempo que desee ser recordado,
porque los dados del destino
son impredecibles,

la fe cava en el presente,
pecados y halagos,
para crear un nuevo paraíso,
en donde la mente no sea un escape,
y la muerte sea comienzo infernal,

la fe es cimiento de dolor,
de ardores y amores muertos,
monumentos a seres que han sufrido,

los astros han dejado de rotar,
la vida no piensa,
se mantiene alejada del saber,

como lobo y luna,
como tierra y cielo,

como tinta y libro,
las palabras se reagrupan,
como si el viento nos quisiera hablar,
y decirnos cuanto ha vivido,
cuanto ha observado,
en las manos de la historia,

cuanto dios se ha cegado,
y cuantos han creado distracciones,

porque la historia no la escribe el tiempo,
ni el sol, ni los vientos,

la luz que ilumina al poderoso,
se hace eco entre corrientes
de cauces benditos,

bendecidos por poder,

creados para matar el cuestionamiento,

para desvanecer toda posibilidad de saber,

que el mal siempre gobierna,

y siempre deberá de silenciarnos.
Una profunda reflexión.

Saludos IgnotaIlusión
 

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