IgnotaIlusión
El Hacedor de Horizontes
Porque sentimos
con las agujas en nuestras muñecas,
no somos momentos,
pero sin ellos
nuestros sentidos se desvanecen,
porque pensamos que el tiempo es vida,
porque la muerte es un estado,
y la eternidad una percepción,
seremos presente,
aunque el futuro sea pasado,
aunque la muerte viva ausente,
compartimos emociones sin pasados,
y palabras que siembran futuros,
aún así
vivimos condicionados al lamento,
tejemos nostalgias de recuerdos,
no hay cuerdo que nos dé cuerda,
si el tuerto no recuerda
lo que vislumbró su vista,
antes de su fatalidad,
condicionamos al débil,
porque fuerte es el roble,
que con suerte puede apreciar su sol,
encadenamos recuerdos,
como si fueran condenas,
como si el dolor no doliera,
soñamos aún más muertos
que un cadáver sin hoguera,
entre un invierno infernal,
continuamos,
pisando más fuerte que cualquier dios,
respiramos la frialdad del viento,
como si el viento pudiera,
como si el tiempo también creciera,
caminamos sin sospecha,
cuando entendimos
que los pasos son flechas,
y el corazón una puerta,
que con pureza se abre,
como elixir de un milagro,
de una vida sin reproches,
llegamos sin cuerpo ni alma,
y se pensaba que el espíritu
era fiero como todo pensamiento,
llegamos al cielo prometido,
solo se perciben recuerdos,
no hay amor ni mucho menos odio,
todo fluye con una calma extraña,
como si el presente
nunca hubiese existido,
como si los cielos no fueran guarida,
como si nos dejasen a la intemperie,
en una selva sin sol,
en una cueva sin limite,
porque nadie puede percibir
algo más que el vacío,
una incertidumbre que punza,
y su certeza
es mucho más aguda
que cualquier dolor,
es el temor de escondernos,
y que se escondan,
de no salir a ver las estrellas,
porque las estrellas no nos esperan.
con las agujas en nuestras muñecas,
no somos momentos,
pero sin ellos
nuestros sentidos se desvanecen,
porque pensamos que el tiempo es vida,
porque la muerte es un estado,
y la eternidad una percepción,
seremos presente,
aunque el futuro sea pasado,
aunque la muerte viva ausente,
compartimos emociones sin pasados,
y palabras que siembran futuros,
aún así
vivimos condicionados al lamento,
tejemos nostalgias de recuerdos,
no hay cuerdo que nos dé cuerda,
si el tuerto no recuerda
lo que vislumbró su vista,
antes de su fatalidad,
condicionamos al débil,
porque fuerte es el roble,
que con suerte puede apreciar su sol,
encadenamos recuerdos,
como si fueran condenas,
como si el dolor no doliera,
soñamos aún más muertos
que un cadáver sin hoguera,
entre un invierno infernal,
continuamos,
pisando más fuerte que cualquier dios,
respiramos la frialdad del viento,
como si el viento pudiera,
como si el tiempo también creciera,
caminamos sin sospecha,
cuando entendimos
que los pasos son flechas,
y el corazón una puerta,
que con pureza se abre,
como elixir de un milagro,
de una vida sin reproches,
llegamos sin cuerpo ni alma,
y se pensaba que el espíritu
era fiero como todo pensamiento,
llegamos al cielo prometido,
solo se perciben recuerdos,
no hay amor ni mucho menos odio,
todo fluye con una calma extraña,
como si el presente
nunca hubiese existido,
como si los cielos no fueran guarida,
como si nos dejasen a la intemperie,
en una selva sin sol,
en una cueva sin limite,
porque nadie puede percibir
algo más que el vacío,
una incertidumbre que punza,
y su certeza
es mucho más aguda
que cualquier dolor,
es el temor de escondernos,
y que se escondan,
de no salir a ver las estrellas,
porque las estrellas no nos esperan.