IgnotaIlusión
El Hacedor de Horizontes
¿Conocerá mi piel
la saciedad de todo estímulo?
cae la tortura,
entre gotas qué transportan melancolía,
sugiere el atardecer,
últimas raíces de sangre,
que serán últimas vidas,
fluye la amargura,
entre mentiras aceptadas,
cae la luz,
sin oscuridad que la atrape,
quebrará el tiempo,
aquella cárcel eterna,
creará cimientos,
donde se camine
entre una felicidad compañera,
quebrarán los cielos,
verdades de temple fiero,
atravesará la oscuridad
aquel lucero eterno,
aquel cielo de áureo semblante,
pensamos en lo inconmensurable,
como si fuéramos insignificantes,
pensamos y materializamos las ideas,
pensamos en la calma
de una brisa eterna,
pensamos adoloridos,
y su búsqueda se vuelve efímera,
pensamos entre cuerdas tensas
y espejos rotos,
anhelamos encontrarnos por última vez,
con un rastro de tranquilidad
en nuestros últimos gestos,
pensamos que todo querer cura,
que la lluvia siempre nos hace florecer,
pensamos con una ingenua fragilidad,
con la necesidad de un amor creado
para no olvidarlo,
contemplaremos el agrio vacío,
de un vicio visceral,
porque cuando no quede
osamenta ni memoria,
la transitoria aleatoriedad nos condenará,
cuando las causas
sean más factibles que el deseo,
seremos razones de un cuerpo muerto,
y nos comunicaremos
entre la impotencia del no nacer,
del no vivir.
la saciedad de todo estímulo?
cae la tortura,
entre gotas qué transportan melancolía,
sugiere el atardecer,
últimas raíces de sangre,
que serán últimas vidas,
fluye la amargura,
entre mentiras aceptadas,
cae la luz,
sin oscuridad que la atrape,
quebrará el tiempo,
aquella cárcel eterna,
creará cimientos,
donde se camine
entre una felicidad compañera,
quebrarán los cielos,
verdades de temple fiero,
atravesará la oscuridad
aquel lucero eterno,
aquel cielo de áureo semblante,
pensamos en lo inconmensurable,
como si fuéramos insignificantes,
pensamos y materializamos las ideas,
pensamos en la calma
de una brisa eterna,
pensamos adoloridos,
y su búsqueda se vuelve efímera,
pensamos entre cuerdas tensas
y espejos rotos,
anhelamos encontrarnos por última vez,
con un rastro de tranquilidad
en nuestros últimos gestos,
pensamos que todo querer cura,
que la lluvia siempre nos hace florecer,
pensamos con una ingenua fragilidad,
con la necesidad de un amor creado
para no olvidarlo,
contemplaremos el agrio vacío,
de un vicio visceral,
porque cuando no quede
osamenta ni memoria,
la transitoria aleatoriedad nos condenará,
cuando las causas
sean más factibles que el deseo,
seremos razones de un cuerpo muerto,
y nos comunicaremos
entre la impotencia del no nacer,
del no vivir.