Reflexión 46

IgnotaIlusión

El Hacedor de Horizontes
La fe indebida
siembra
tempestades de suelos quebrados,
clamores de tiempo partido,

no hay peor ciego
que el que anhela ver,

no hay peor cadena que la emocional,

porque la soledad,
aún en compañía,
cede al dolor de la verdad,

"nadie entiende tu tristeza,
hasta que su luz ahogue",

semblantes
que con su oscuridad
se vuelven invisibles,

seguridad de tristes ocasos,

semblantes que son mascaras,
la avaricia marca su bestialidad,

se pudren sus manos
en la inmundicia

de una nostalgia recurrente y venenosa,

mendigos que nos clavan su aguijón,

amigos que se consideran íntimos,

si supieran
cuantas veces me he leído ese cuento,

todo termina con un vendaval saciado,
con un punto glotón,

vale más la herida asimilada,
que el dolor de una confusión punzante,

vale más la vida apartada
que la vida incluida,

cuando la influencia mate,

comprenderemos su peligro,
como blanco de disparos sin culpables,

conoceremos la avaricia del viento,
cuando los tiempos no nos defiendan,
cuando nunca más la historia
nos dé sabiduría,

conoceremos la apatía
de las rosas más vivaces,
como cosen recuerdos que queman,
como devoran la simpleza de las noches,

nos fundiremos entre lagos de carbón,

aún ardiendo,
mi corazón se despide de toda fantasía.
 

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