IgnotaIlusión
El Hacedor de Horizontes
Nos anclamos a la vida
porque la muerte nos parece lo peor,
no observamos fantasía,
porque la realidad nos ha asesinado,
nos condenamos pagando,
alimentando a un mundo
que nunca se niega,
que acepta el pecado como recompensa,
nos deseamos tardíos,
cuando el tiempo se nos ha de llevar separados,
nos deseamos unidos,
cuando la finitud abre su boca,
cuando la virtud nos convierte en roca,
en estatua muda,
en estático conformismo,
fluimos muertos, carentes de sentidos,
admiramos a los días arder,
admiramos la última noche
en la punta de nuestros sueños,
observaremos como cae el dolor,
cuando la cordura
ni siquiera se aprecie en los cielos,
cuando la fortuna sea
por miseria admiración,
y las nubes, lluvia,
y la lluvia, muerte,
y la muerte no duela,
por la soledad que nos ha de sedar,
cuando pensar sea locura,
y la locura sea templo de sabios,
quizás ahí nos daremos cuenta
cuanta maldad posee el hombre,
cuan animal es su sentido de perfección,
ignoramos la maldad,
la edad del terco
silencia todo cuestionamiento,
aún así el sol sale,
y la muerte cultivará nuestros cuerpos,
nos otorgará sus brotes de sangre y carne,
una vez más seremos corazón,
para aplacar sus emociones,
para cercenar sus bondadosas acciones,
con el yugo de nuestra evolución.
porque la muerte nos parece lo peor,
no observamos fantasía,
porque la realidad nos ha asesinado,
nos condenamos pagando,
alimentando a un mundo
que nunca se niega,
que acepta el pecado como recompensa,
nos deseamos tardíos,
cuando el tiempo se nos ha de llevar separados,
nos deseamos unidos,
cuando la finitud abre su boca,
cuando la virtud nos convierte en roca,
en estatua muda,
en estático conformismo,
fluimos muertos, carentes de sentidos,
admiramos a los días arder,
admiramos la última noche
en la punta de nuestros sueños,
observaremos como cae el dolor,
cuando la cordura
ni siquiera se aprecie en los cielos,
cuando la fortuna sea
por miseria admiración,
y las nubes, lluvia,
y la lluvia, muerte,
y la muerte no duela,
por la soledad que nos ha de sedar,
cuando pensar sea locura,
y la locura sea templo de sabios,
quizás ahí nos daremos cuenta
cuanta maldad posee el hombre,
cuan animal es su sentido de perfección,
ignoramos la maldad,
la edad del terco
silencia todo cuestionamiento,
aún así el sol sale,
y la muerte cultivará nuestros cuerpos,
nos otorgará sus brotes de sangre y carne,
una vez más seremos corazón,
para aplacar sus emociones,
para cercenar sus bondadosas acciones,
con el yugo de nuestra evolución.