Reflexión 8

IgnotaIlusión

El Hacedor de Horizontes
Nuestras ansiedades juegan con nosotros,
ejercen libertades y veneno,
cuando la sensibilidad copta cada cuerpo,

desde el cielo se observa,
la agonía del que aún vive,
del que camina erguido,
temeroso de caer a su gélida soledad,

amistades nos claman desde lejos,
añoran compañía,
desean las manos suicidas de dios,

desean apaciguar al sol,
que cada día sea noche,
y las noches guarida,
de una huida aún elucubrada,

más arriba del cielo
se atisba un suelo inconmensurable,

conciencias astrales se mecen,
danzan con el tiempo,
en donde la complejidad de la eternidad
es atemporal,

y aún los ciegos se acostumbran
a la belleza del fluir,
de soñar colores nuevos,

aunque el firmamento
seguirá estático desde nuestra perspectiva,

se niegan las estrellas
a vomitar por siempre su luz,

quedarán aún más distantes,
apagándose en la oscuridad,
hasta que el frío sea paisaje,

pero aún brillan,
como aquellas promesas incomprobables,
labrando por siempre su senda imaginaria,
su luminaria incoercible,

gritarán sus plegarias,
aquellos dioses de cuerpo eterno,
le suplicarán a la memoria del tiempo
que no los olvide,

desearán nunca haber probado tal poder,

ahora sus cimientos
se han manchado,
con sangre inocente,

la injusticia se mantiene,

la injusticia parece sobrellevar
a toda esta realidad aún latente.
 
Nuestras ansiedades juegan con nosotros,
ejercen libertades y veneno,
cuando la sensibilidad copta cada cuerpo,

desde el cielo se observa,
la agonía del que aún vive,
del que camina erguido,
temeroso de caer a su gélida soledad,

amistades nos claman desde lejos,
añoran compañía,
desean las manos suicidas de dios,

desean apaciguar al sol,
que cada día sea noche,
y las noches guarida,
de una huida aún elucubrada,

más arriba del cielo
se atisba un suelo inconmensurable,

conciencias astrales se mecen,
danzan con el tiempo,
en donde la complejidad de la eternidad
es atemporal,

y aún los ciegos se acostumbran
a la belleza del fluir,
de soñar colores nuevos,

aunque el firmamento
seguirá estático desde nuestra perspectiva,

se niegan las estrellas
a vomitar por siempre su luz,

quedarán aún más distantes,
apagándose en la oscuridad,
hasta que el frío sea paisaje,

pero aún brillan,
como aquellas promesas incomprobables,
labrando por siempre su senda imaginaria,
su luminaria incoercible,

gritarán sus plegarias,
aquellos dioses de cuerpo eterno,
le suplicarán a la memoria del tiempo
que no los olvide,

desearán nunca haber probado tal poder,

ahora sus cimientos
se han manchado,
con sangre inocente,

la injusticia se mantiene,

la injusticia parece sobrellevar
a toda esta realidad aún latente.
Me recreo en este poema y encuentro mi imagen en varios versos.

Saludos IgnotaIlusión
 

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