IgnotaIlusión
El Hacedor de Horizontes
Si el sol no puede salir,
la luna no debe de brillar,
si nuestra luz se esconde,
nuestras sombras serán abrigo,
para un tumulto resignado a creer,
si tenemos que demostrar
para que nos crean,
entonces la vida es intento,
y si todo es intento que muere,
nada vale, solo vale la felicidad,
no hay lugar más horroroso,
ni más indoloro que el vacío,
no hay amor más mentiroso
que todo río afortunado,
porque todo termina por diluirse,
almas que sangran saberes,
me caen bien los que sufren
y los que son conscientes,
porque todos sufrimos,
pero por lo menos los que sufren,
saben que sufren,
mientras el tiempo nos devore,
contaré la mayor cantidad de estrellas,
entre ojos inmensos,
mi insignificancia brotará
en éter nuevo,
repeticiones infinitas,
mientras yo viva,
yo pensaré en el futuro,
y lo que hago está en el futuro,
cuando muera
me veré obligado
a recordar lo que viví,
no hay poder más inmenso,
que abarcarlo todo,
y matarse a uno mismo,
y a todo lo que creaste y crearás,
no hay dolor más inexpresable,
que el que nos punza
cuando por fin un último amanecer
nos regala merecidamente
toda abundancia posible,
no hay ardor más mortal,
que el que nos hace sentir,
que cada segundo,
es última eternidad,
que se pierde entre frondosos laberintos,
de una nada que no dignifica,
que solo significa pérdida,
aunque las memorias
no la puedan retener,
el peor destino es
la libertad que no vuela,
la tristeza que no llora,
el final que nunca es completa calma.
la luna no debe de brillar,
si nuestra luz se esconde,
nuestras sombras serán abrigo,
para un tumulto resignado a creer,
si tenemos que demostrar
para que nos crean,
entonces la vida es intento,
y si todo es intento que muere,
nada vale, solo vale la felicidad,
no hay lugar más horroroso,
ni más indoloro que el vacío,
no hay amor más mentiroso
que todo río afortunado,
porque todo termina por diluirse,
almas que sangran saberes,
me caen bien los que sufren
y los que son conscientes,
porque todos sufrimos,
pero por lo menos los que sufren,
saben que sufren,
mientras el tiempo nos devore,
contaré la mayor cantidad de estrellas,
entre ojos inmensos,
mi insignificancia brotará
en éter nuevo,
repeticiones infinitas,
mientras yo viva,
yo pensaré en el futuro,
y lo que hago está en el futuro,
cuando muera
me veré obligado
a recordar lo que viví,
no hay poder más inmenso,
que abarcarlo todo,
y matarse a uno mismo,
y a todo lo que creaste y crearás,
no hay dolor más inexpresable,
que el que nos punza
cuando por fin un último amanecer
nos regala merecidamente
toda abundancia posible,
no hay ardor más mortal,
que el que nos hace sentir,
que cada segundo,
es última eternidad,
que se pierde entre frondosos laberintos,
de una nada que no dignifica,
que solo significa pérdida,
aunque las memorias
no la puedan retener,
el peor destino es
la libertad que no vuela,
la tristeza que no llora,
el final que nunca es completa calma.