the.jester
Poeta recién llegado
REFLEXIÓN DE UN HOMBRE AGONIZANTE
(romancillo)
Una fe moribunda,
en las puertas del cielo,
abanica mordaces
falsedades y miedos,
mientras tensa una venda,
en su último esfuerzo
por cegar nuevamente
la razón de un ingenuo
que agoniza rezando,
como último intento
de ocultar los pecados
que alimentan su infierno.
Por su mente transitan
más de mil pensamientos
y cuestiona si es cierto
lo que impone su credo,
existiendo otros tantos
más antiguos y rectos,
siendo el suyo basado
en los versos de un texto
que fue escrito por hombres
con sus mismos defectos,
tan mortales e ignaros,
tan iguales al resto.
Y recuerda los versos
que no pueden ser ciertos
y descubre que él mismo
parcializa aquel texto,
siendo estricto o flexible
según cada precepto,
metafórico o cierto
por su propio criterio.
Es pues juez de cuan justos
son sus mil mandamientos
y comprende que él dicta
lo que es verdadero.
¿Qué verdad es genuina
si un mortal es su dueño?
¿Qué palabras confiables,
cuando algunas son cuentos?
Cuando en una sentencia
conjunción es el nexo
si una frase es mentira,
el discurso embustero,
y por tanto aquel libro
es tan solo un invento
y su dios es tan mito
como Osiris o Zeus.
Ya la fe ha claudicado
frente a tal argumento,
desarmada y vencida,
sin valor y sin peso,
y aquel hombre sonríe
mientras pierde su aliento,
como nunca en su vida,
con los ojos abiertos.
Parte así de este mundo
liberado del miedo
a un descanso perfecto,
sin infierno ni cielo.
(romancillo)
Una fe moribunda,
en las puertas del cielo,
abanica mordaces
falsedades y miedos,
mientras tensa una venda,
en su último esfuerzo
por cegar nuevamente
la razón de un ingenuo
que agoniza rezando,
como último intento
de ocultar los pecados
que alimentan su infierno.
Por su mente transitan
más de mil pensamientos
y cuestiona si es cierto
lo que impone su credo,
existiendo otros tantos
más antiguos y rectos,
siendo el suyo basado
en los versos de un texto
que fue escrito por hombres
con sus mismos defectos,
tan mortales e ignaros,
tan iguales al resto.
Y recuerda los versos
que no pueden ser ciertos
y descubre que él mismo
parcializa aquel texto,
siendo estricto o flexible
según cada precepto,
metafórico o cierto
por su propio criterio.
Es pues juez de cuan justos
son sus mil mandamientos
y comprende que él dicta
lo que es verdadero.
¿Qué verdad es genuina
si un mortal es su dueño?
¿Qué palabras confiables,
cuando algunas son cuentos?
Cuando en una sentencia
conjunción es el nexo
si una frase es mentira,
el discurso embustero,
y por tanto aquel libro
es tan solo un invento
y su dios es tan mito
como Osiris o Zeus.
Ya la fe ha claudicado
frente a tal argumento,
desarmada y vencida,
sin valor y sin peso,
y aquel hombre sonríe
mientras pierde su aliento,
como nunca en su vida,
con los ojos abiertos.
Parte así de este mundo
liberado del miedo
a un descanso perfecto,
sin infierno ni cielo.
The Jester (05/06/2013)
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