Samuel17993
Poeta que considera el portal su segunda casa
[font="]Reflexiones sobre la Quimera[/font]
[font="]I-[/font]Para el cerebro sabio y supino, o el romántico e idealista, todo es el Imperio de la Luz, la ciudad donde el sol ilumina el todo; yo no sólo no lo creo, sino que pienso que tras el mundo de la luz se esconde el manto del subsuelo a como lo llamaba Dostoievski en Memorias del Subsuelo. Un mundo obscuro en el que hay una tramoya increíble; últimamente me ha sorprendido el mundo robótico por ser un teatro donde está la representación de nuestro mundo subterráneo, un mundo de titiriteros. Todos se ríen de quienes comparan el mundo éste con el nuestro. Su estupidez podría ser el miedo a la oscuridad. Yo también me reía, y a veces me río, de éstos; pero nos enseñan cómo hay una relación peculiar en nuestros cosmos: al igual que nosotros hacemos de titiriteros con los robots, esos androides patéticos, los propios y estúpidos titiriteros homínidos pienso que tienen una fuerza oculta que hace lo mismo con nosotros.
Dentro de ese mundo tenebroso, para algunos, todo es noche, a como lo decían los ilustrados, e intentamos, aunque cada vez menos, iluminar con la farola de la Razón. Pero no es tan fácil. No lo es porque hay un monstruo en este lugar. Nuestro pequeño yo, en esa noche eterna en donde se refugia tras la piel, se siente observado; quien lo observa es la Gran Máquina, que es nuestro gran yo. Al igual que a veces nosotros nos sentimos invadidos por otros, parecemos cercados por napoleónicos o realistas que intentan jugar con nosotros, igualmente nuestra maquinaria hilvana sus telas de araña, sin saberlo muchas veces. Se maquina nuestro pequeño ser, que se esconde en torno a la luz por entre esa noche eterna. Pero esto sería una visión muy ingenua, demasiado. No es un ser que nos controle, porque es la santísima discordia de nuestro cuerpo; a veces ese pequeño ser es un pícaro e intenta subordinar al señor de las máquinas, coge de los hilos y lo zarandea, como cualquier gobierno que exista entre los dominados y los dominadores, que son a veces elegidos, por lo menos en una supuesta verdadera democracia, por los dominados. Ese ser pícaro casi siempre hace esto, no por su propia decisión, es la mayor de las veces un juego entre la noche, que le susurra y enloquece con axiomas extraños, y la propia máquina, que se autodestruye por alguna razón que muchas veces desconocemos.
En lo personal, ayer tuve un crash en mi maquinaria interna y perdí los muros de la esperanza, que me protegían y me dejaba ciego; las musas se quedan cantando como sirenas en esa noche eterna, aun intentando tener apariencia de vírgenes Marías. Yo sigo soñando en mi adentros, pero las musas se quedan en vela en las sombras, teniendo pesadillas; son una terrible horda de sombras que me vuelven loco, a mi pequeño ser y, por tanto, a mi máquina. Todos mis frutos se tornan tan oscuras como ellas, y mi obra queda demasiado opresora, una cárcel de mis pequeños seres, mis pequeñas máquinas, mis pequeños muñecos títeres, y eso no me gusta. Porque esos sueños, con ese santo iluminador de la razón, de los símbolos, dejan ver todo ese siniestro panorama. En las sabanas de los sueños, he descubierto que mi máquina se ha transformado en una quimera. Yo desearía ser un valiente guerrero que acabará con esas malas influencias. Al igual que lo haría con el mundo.
Sólo me queda la frase tan querida de Ángel González: Sin esperanza, pero con convencimiento: Hay muchos mundos posibles, pero sólo existe éste; y yo sigo soñando con que mis sirenas vuelvan a soñar y contagien el pequeño cosmos interno de los demás; ese es mi gran sueño.
[font="]II-[/font]
He hablado de máquinas, pues podría decir que eso somos. Pensamos que las máquinas, como las vemos desde nuestros ojos sin mucho garbo, son sólo órdenes y parámetros. ¿Y qué pasaría si nosotros fuéramos eso, pero es que no podemos ver esas normas? ¿No tenemos genética, no tenemos, lo que llaman, determinismos?
Pero el asunto, vale, es complicado. Posiblemente el caso es que nuestros androides, nuestros títeres, los manejamos y conocemos a milímetro; pero a día de hoy, ¿quién conoce al Hombre, o siquiera, a otro hombre (o mujer. Sí, feministas, no sé todavía una palabra en neutro, deberé sacarlas del Latín )? Hannah Arendt dijo: del hombre se puede esperar lo inesperado, pero, ¿y si lo inesperado se pudiera conocer? El problema creo que es como en las consolas, que una Psp sólo puede emular a una Playstation 1 porque tiene el doble de potencia (o algo así), mientras que a la segunda no puede porque tiene el mismo o parecido potencial. Y hablo de máquinas porque, como ya dije, nos enseñan cosas que parecen absurdas; la cosa es si se puede plantear que el absurdo pudiera tener algo de realidad o de verdad (aunque esto de verdad es muy subjetivo ). Por tanto, no conocemos al Hombre porque con nuestro potencial no podemos comprender nuestro propio potencial. Pudiera ser
Pero sigamos con que el hombre puede hacer lo inesperado. Pero lo inesperado es algo que es así porque alguien espera algo de otro; entonces no lo conocemos, no significa que el hombre sea inmedible. Ella tampoco dice lo contrario, claro. Pero el problema es que no hay regla que nos mida. Como no se puede medir la belleza, un títere de nuestra mente. Un robot que se rige a nuestra orden. ¿El hombre se podría regir a varita de alguna naturaleza oscura, como ya he dicho? Yo es como, a lo dicho, lo pienso. ¿Es el escribir una orden de una fuerza oculta, es acaso todo algo hecho por una mano que nos manda y dirige?
Por eso nos enseñan tanto las máquinas, es como diseccionarnos en pequeña escala. Por eso es así el nombre de El Hombre Máquina de La Mettrie. Tan perfectos que se dan cuerda a sí mismos, y es así como se dan ideas e ideas. Nos damos cuerda, como decimos popularmente a quienes son pesados El hombre es en sí un ser pesado de bagaje mental; y a diferencia del resto de animales, podemos comprender conceptos complejos y símbolos, aunque algunos comprenden hasta cierto punto algunas ideas simples. Creo que la idea principal es que Sí, ¡qué fácil! Espera que lo explique , señor lector razonamos; es decir, que podemos elaborar como buenos hilvanadores, una construcción síquica. Esa construcción se da en la base de la Realidad, o en eso se construyó toda la simbología, es decir, las palabras A como decía F. Nietzsche, metáforas. Los animales pueden tener un lenguaje con símbolos, pero no dar más allá de lo que es la realidad.
Todo es como un espejo de lo que vemos. No es raro eso de: Si no lo veo, no me lo creo, una idea muy griega, que todo lo basaban en los ojos, y que por eso, no es raro ver cómo fueron los primeros filósofos. Y es que así hacemos con las ideas: si no las vemos, es decir, comprendemos, O de mejor manera, verlas síquicamente o filosóficamente, que era lo mismo en la Grecia Antigua; todo conocimiento o idea era Filosofía no elaboraremos ninguna relación con ella, o mejor dicho: no las pensamos. Porque el pensamiento es, para mí, un ir y venir de ideas, que son creencias con o sin argumentar. (Aunque ya quisiera hablar más delante de cómo yo comprendo las ideas y las creencias).
Y ahora volvamos a las máquinas. Devolvamos al escenario al androide. ¿Será que, nosotros, estos androides tan complejos de la naturaleza, no podemos ver, como un robot que le quitan los sensores y no sabe qué hacer y no hace nada porque no tiene con qué saber qué hacer? No vemos nuestros mismos mecanismos. Como no vemos los mecanismos del Cosmos o de otras cosas más complejas; o si, ¿será todo una construcción de nuestras mentes?
El abismo de la Realidad y nuestras mentes se abre entre el subsuelo y el mundo. Y el cielo siempre lejos de poder ser alcanzado, ¿y quién osará alcanzar el mundo de los ángeles, las ideas de Platón, que nunca dejan de cambiar y dejan de ser materia? ¿O es que el cielo también es otra recreación que no tiene tan de santo? ¿Y no serán esas ideas, otra quimera del subsuelo, proyectadas desde la Realidad? ¿Quién me enseñará, alumbrará, la Verdad, como las Ideas de Platón?