Nadando en la noche de la bruma
nado o vuelo sin perder mi forma humana
pero soy o un pez o un pájaro no adscrito
a las interminables relaciones
que escribieron los más doctos.
La luz que a vosotros os deslumbra
apenas llega a mí como lechosa claridad del alba
mis ojos esferas de silencio
caen rodando por la vertiente que asciende
a la rigurosa cima.
Me han dejado las palabras
vacío como un cuenco tibetano que espera
espera impaciente
la mano que lo haga hablar.
Mientras,
callan sus sonidos en el rígido metal.
¿Porqué este soñar en llamas
este frío incandescente
de la palabra olvidada?
En la madrugada lasciva
un cuerpo dormido de mujer
me recuerda mi condición de cadáver.
En esas horas me abruman los recuerdos
esas volátiles páginas,
desplumadas alas
de mis otros carroñeros
Sobresale el compacto ropaje de una ermita
en el desierto.
Junto a mi alguien canta
una canción de amor
pero me llegan tan solo los feroces aullidos
de la víctima.
Es la noche y los insectos insisten
en sus suicidios.
Si al menos, como yo,
Ícaro hubiese tenido
de plomo sus alas de cera
nunca hubiese volado tan alto
Sería, como yo,
uno más en la vorágine anónima
¿Sería su mérito el de estar vivo?
He de volver a volar o vivir
mi destino de ave lo impone
no se si con alas de frío plomo
o con las frágiles de cera
que exigen los ortodoxos.
Siempre se abrirá un abismo
debajo de mí.
nado o vuelo sin perder mi forma humana
pero soy o un pez o un pájaro no adscrito
a las interminables relaciones
que escribieron los más doctos.
La luz que a vosotros os deslumbra
apenas llega a mí como lechosa claridad del alba
mis ojos esferas de silencio
caen rodando por la vertiente que asciende
a la rigurosa cima.
Me han dejado las palabras
vacío como un cuenco tibetano que espera
espera impaciente
la mano que lo haga hablar.
Mientras,
callan sus sonidos en el rígido metal.
¿Porqué este soñar en llamas
este frío incandescente
de la palabra olvidada?
En la madrugada lasciva
un cuerpo dormido de mujer
me recuerda mi condición de cadáver.
En esas horas me abruman los recuerdos
esas volátiles páginas,
desplumadas alas
de mis otros carroñeros
Sobresale el compacto ropaje de una ermita
en el desierto.
Junto a mi alguien canta
una canción de amor
pero me llegan tan solo los feroces aullidos
de la víctima.
Es la noche y los insectos insisten
en sus suicidios.
Si al menos, como yo,
Ícaro hubiese tenido
de plomo sus alas de cera
nunca hubiese volado tan alto
Sería, como yo,
uno más en la vorágine anónima
¿Sería su mérito el de estar vivo?
He de volver a volar o vivir
mi destino de ave lo impone
no se si con alas de frío plomo
o con las frágiles de cera
que exigen los ortodoxos.
Siempre se abrirá un abismo
debajo de mí.
Ilust.: Pinterest
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