Luis Á. Ruiz Peradejordi
Poeta que considera el portal su segunda casa
Ya la tarde, en abrazo de sombras,
va la luz rindiendo
y el terco páramo se encrespa
despeinado de barbechos.
Va entregándose el camino
al sendero,
cansado en los guijarros,
temeroso en las cunetas del miedo.
¡Cuánto cuesta un sólo paso!
¡Qué dolor de huellas
firmadas en el suelo!
Una luz surge, como mano,
al propio ser tendida.
Posada, refugio,
tiniebla de la noche
al fin vencida.
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va la luz rindiendo
y el terco páramo se encrespa
despeinado de barbechos.
Va entregándose el camino
al sendero,
cansado en los guijarros,
temeroso en las cunetas del miedo.
¡Cuánto cuesta un sólo paso!
¡Qué dolor de huellas
firmadas en el suelo!
Una luz surge, como mano,
al propio ser tendida.
Posada, refugio,
tiniebla de la noche
al fin vencida.
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