prisionero inocente
Poeta que considera el portal su segunda casa
Regálame un perro, si te marchas,
uno sin nombre y sin rasa
de los que conocen todas las calles
para que me lleve donde nadie ha estado
y allá poder llorar en paz.
Regálame un perro,
uno de esos que dejan la comida a un lado
y viene a lamer las manos de quien lo cuida,
uno de los que presienten el peligro
en el que está el alma, al no amar.
Regálame un perro de nadie
y lo haré mio
y él me hará suyo
y los dos rogaremos a la luna
que siembre en ti los deseos de volver.
Regálame un perro,
uno que sepa oler tu ausencia
y tus pasos alejándose
cual terremoto que hace temblar sin remedio
a mi ser.
uno sin nombre y sin rasa
de los que conocen todas las calles
para que me lleve donde nadie ha estado
y allá poder llorar en paz.
Regálame un perro,
uno de esos que dejan la comida a un lado
y viene a lamer las manos de quien lo cuida,
uno de los que presienten el peligro
en el que está el alma, al no amar.
Regálame un perro de nadie
y lo haré mio
y él me hará suyo
y los dos rogaremos a la luna
que siembre en ti los deseos de volver.
Regálame un perro,
uno que sepa oler tu ausencia
y tus pasos alejándose
cual terremoto que hace temblar sin remedio
a mi ser.
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