En el ajetreo de la tinta,
la norma dicta que la rima clama y pica,
pero la pluma del poeta titubea
ante la absurda academia de cadenas.
"Un poema", dice el reglamento
con su voz de papel mojado y lento,
"debe llevar ritmo, metro y forma,
como un soldado que a la guerra se conforma."
Pero el verso quiere ser río,
ser del viento, no del frío esquema
que lo encierra en la escuela
donde la libertad se congela.
Cortázar sonríe desde un rincón del aula,
jugando ajedrez con palabras desnudas,
desordenando al mundo con su mirada,
donde un poema es un gato que no se deja enjaular.
Un poema es un poema, grita el papel usado,
no importa cómo lo verses,
no importa el orden prestado.
¿Acaso la luna sigue reglas cuando al cielo es pintado?
Que se rompan los moldes, que se pierdan las guías,
en el caos de los cosmos, en la risa de los días.
Escribamos sin miedo, con el alma encendida,
pues un poema es simplemente vida.
la norma dicta que la rima clama y pica,
pero la pluma del poeta titubea
ante la absurda academia de cadenas.
"Un poema", dice el reglamento
con su voz de papel mojado y lento,
"debe llevar ritmo, metro y forma,
como un soldado que a la guerra se conforma."
Pero el verso quiere ser río,
ser del viento, no del frío esquema
que lo encierra en la escuela
donde la libertad se congela.
Cortázar sonríe desde un rincón del aula,
jugando ajedrez con palabras desnudas,
desordenando al mundo con su mirada,
donde un poema es un gato que no se deja enjaular.
Un poema es un poema, grita el papel usado,
no importa cómo lo verses,
no importa el orden prestado.
¿Acaso la luna sigue reglas cuando al cielo es pintado?
Que se rompan los moldes, que se pierdan las guías,
en el caos de los cosmos, en la risa de los días.
Escribamos sin miedo, con el alma encendida,
pues un poema es simplemente vida.