Solo hay que pensar
en regresar al momento,
al más mínimo desliz,
cuando notes que la mente se escapa
entre los pliegues del recuerdo o la esperanza.
Regresar sin lucha,
como vuelve la ola al mar
sin preguntarse por qué.
Regresar al pulso del aire,
al roce del cuerpo que respira,
al latido que nunca se fue.
Porque la vida no se busca,
se habita.
Y habitarla es volver,
una y otra vez,
al punto donde el silencio es nido,
donde el ahora
es un hogar sin paredes.
Si aprendes a caminar por ese sendero,
te sentirás siempre en casa:
vivo y viviendo,
estando además de siendo.
Y entonces,
sin pretenderlo,
serás feliz siempre.
en regresar al momento,
al más mínimo desliz,
cuando notes que la mente se escapa
entre los pliegues del recuerdo o la esperanza.
Regresar sin lucha,
como vuelve la ola al mar
sin preguntarse por qué.
Regresar al pulso del aire,
al roce del cuerpo que respira,
al latido que nunca se fue.
Porque la vida no se busca,
se habita.
Y habitarla es volver,
una y otra vez,
al punto donde el silencio es nido,
donde el ahora
es un hogar sin paredes.
Si aprendes a caminar por ese sendero,
te sentirás siempre en casa:
vivo y viviendo,
estando además de siendo.
Y entonces,
sin pretenderlo,
serás feliz siempre.