Ricardo José Lascano
Poeta que considera el portal su segunda casa
Esta soledad que me avecina
esta soledad de siembra
que nos llena las manos
esta seda tibia de ósculo inicial
que se enumera en los poros
en la secuencia fértil
que adorna la casa,
esta soledad de correspondencia y pago
esta soledad desolada
esta soledad sin patria.
El cartero que esperábamos.
La página abierta de un mar silencio.
El barco de tus ojos en mi único puerto.
El límite raído de la palabra siento.
El pasajero que llevas no es nadie.
Tu vasija de amor derramado
en los recintos de mi sueño.
Es que ansío tanto esta soledad...
que viaja desde ti, tanto...
Tanto me gusta porque te recupera,
te recupera dentro como la brisa.
Mi hora contigo, mi costado luminoso
el faro que te espera.
Me rozan fatigadamente los pensamientos.
campana sideral de espuma fragante
que recita, me adueña el mar
a su soledad dichosa y luego sigue
porque es tiempo y fruto,
bestial y puro como una avalancha
de soledad completa.
esta soledad de siembra
que nos llena las manos
esta seda tibia de ósculo inicial
que se enumera en los poros
en la secuencia fértil
que adorna la casa,
esta soledad de correspondencia y pago
esta soledad desolada
esta soledad sin patria.
El cartero que esperábamos.
La página abierta de un mar silencio.
El barco de tus ojos en mi único puerto.
El límite raído de la palabra siento.
El pasajero que llevas no es nadie.
Tu vasija de amor derramado
en los recintos de mi sueño.
Es que ansío tanto esta soledad...
que viaja desde ti, tanto...
Tanto me gusta porque te recupera,
te recupera dentro como la brisa.
Mi hora contigo, mi costado luminoso
el faro que te espera.
Me rozan fatigadamente los pensamientos.
campana sideral de espuma fragante
que recita, me adueña el mar
a su soledad dichosa y luego sigue
porque es tiempo y fruto,
bestial y puro como una avalancha
de soledad completa.
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