Jose Anibal Ortiz Lozada
Poeta adicto al portal
Cuando la piel es un desierto sin eco,
y el alma ha olvidado el sabor de la lluvia,
regresas.
Traes en los dedos el mapa de mis grietas,
agua clandestina que bebo a lengüetazos,
como bestia que descifra su sed en la noche.
No son abrazos, son ríos que nacen
de la nada:
tus caderas rompen el yermo,
tus labios escriben un himno
con la sal que quedó en mis costillas.
Me dices *"aquí estoy"* sin palabras:
la luna desnuda su cintura en el espejo,
las sábanas aprenden a ser ola o ceniza,
y yo,
soy el hambre que baila con su propio vacío.
Regresas cuando ya no queda
ni una lágrima para nombrar el miedo.
Y en mi boca, seca de tanto callar,
brota un jardín de jadeos y sombras:
la ternura también sabe a cicatriz.
y el alma ha olvidado el sabor de la lluvia,
regresas.
Traes en los dedos el mapa de mis grietas,
agua clandestina que bebo a lengüetazos,
como bestia que descifra su sed en la noche.
No son abrazos, son ríos que nacen
de la nada:
tus caderas rompen el yermo,
tus labios escriben un himno
con la sal que quedó en mis costillas.
Me dices *"aquí estoy"* sin palabras:
la luna desnuda su cintura en el espejo,
las sábanas aprenden a ser ola o ceniza,
y yo,
soy el hambre que baila con su propio vacío.
Regresas cuando ya no queda
ni una lágrima para nombrar el miedo.
Y en mi boca, seca de tanto callar,
brota un jardín de jadeos y sombras:
la ternura también sabe a cicatriz.