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REGRESO


allí están la ciudad y mis comienzos

allí empieza el final

-no ladres, perro-

me acerco silenciosamente

en la ciudad no hay otoños

no crujen las hojas moribundas

humilladas por mis pies de hombre

quiero llegar a la plaza

de la pequeña iglesia

la que en su puerta tiene

el eterno obituario


me acerco silenciosamente

aunque las piedras no duermen

las piedras de la vieja torre

las piedras que dan paso

a los carros trepidantes

las piedras que dan voz

a las aguas de la fuente

vigilan mi lento caminar

como una sombra desgajada

de alguien que no es


nunca visteis los ojos silenciosos de las piedras

pero ellos nos vigilan

sus retinas de sílice

están detrás de la fugaz lagartija

y contemplan cómo

me acerco a la plaza antigua

la de la pequeña iglesia

donde aún quedan los ecos de mis juegos

allí risas allí el murmullo de las viejas

las ventanas con densas celosías de hierros

celan la luz y las miradas

detrás sigue estando ella

-o quizás no, es tan antigua la plaza-


llegué: aquí empieza el final

en las viejas piedras verdes

en el eco nocturno de las risas de sus risas

quiero descansar detrás de las herradas ventanas

dormirme en el vuelo de los vencejos

morirme en el agua callada de la fuente

tumbarme al lado de ella

escuchar juntos el murmullo de las viejas

-pero tal vez ella no esté

es tan antigua la plaza-

descansar de mi pequeña cotidiana muerte

y seguir de nuevo hasta el principio.
 
Eternas melancolías, constantes, de aquello que es parte de tu vida, sufrible, bellamente relatado en este poema, me gustó mucho, amigo.
 
REGRESO


allí están la ciudad y mis comienzos

allí empieza el final

-no ladres, perro-

me acerco silenciosamente

en la ciudad no hay otoños

no crujen las hojas moribundas

humilladas por mis pies de hombre

quiero llegar a la plaza

de la pequeña iglesia

la que en su puerta tiene

el eterno obituario


me acerco silenciosamente

aunque las piedras no duermen

las piedras de la vieja torre

las piedras que dan paso

a los carros trepidantes

las piedras que dan voz

a las aguas de la fuente

vigilan mi lento caminar

como una sombra desgajada

de alguien que no es


nunca visteis los ojos silenciosos de las piedras

pero ellos nos vigilan

sus retinas de sílice

están detrás de la fugaz lagartija

y contemplan cómo

me acerco a la plaza antigua

la de la pequeña iglesia

donde aún quedan los ecos de mis juegos

allí risas allí el murmullo de las viejas

las ventanas con densas celosías de hierros

celan la luz y las miradas

detrás sigue estando ella

-o quizás no, es tan antigua la plaza-


llegué: aquí empieza el final

en las viejas piedras verdes

en el eco nocturno de las risas de sus risas

quiero descansar detrás de las herradas ventanas

dormirme en el vuelo de los vencejos

morirme en el agua callada de la fuente

tumbarme al lado de ella

escuchar juntos el murmullo de las viejas

-pero tal vez ella no esté

es tan antigua la plaza-

descansar de mi pequeña cotidiana muerte

y seguir de nuevo hasta el principio.
Recuerdos que quedan plasmados en bella poesía, ha sido un gusto leerte, saludos cordiales.
 
REGRESO


allí están la ciudad y mis comienzos

allí empieza el final

-no ladres, perro-

me acerco silenciosamente

en la ciudad no hay otoños

no crujen las hojas moribundas

humilladas por mis pies de hombre

quiero llegar a la plaza

de la pequeña iglesia

la que en su puerta tiene

el eterno obituario


me acerco silenciosamente

aunque las piedras no duermen

las piedras de la vieja torre

las piedras que dan paso

a los carros trepidantes

las piedras que dan voz

a las aguas de la fuente

vigilan mi lento caminar

como una sombra desgajada

de alguien que no es


nunca visteis los ojos silenciosos de las piedras

pero ellos nos vigilan

sus retinas de sílice

están detrás de la fugaz lagartija

y contemplan cómo

me acerco a la plaza antigua

la de la pequeña iglesia

donde aún quedan los ecos de mis juegos

allí risas allí el murmullo de las viejas

las ventanas con densas celosías de hierros

celan la luz y las miradas

detrás sigue estando ella

-o quizás no, es tan antigua la plaza-


llegué: aquí empieza el final

en las viejas piedras verdes

en el eco nocturno de las risas de sus risas

quiero descansar detrás de las herradas ventanas

dormirme en el vuelo de los vencejos

morirme en el agua callada de la fuente

tumbarme al lado de ella

escuchar juntos el murmullo de las viejas

-pero tal vez ella no esté

es tan antigua la plaza-

descansar de mi pequeña cotidiana muerte

y seguir de nuevo hasta el principio.

Un recorrido por el empedrado de los recuerdos, nostalgia se escribe con nombre de "Regreso" y de apellido "Ciudad."

Un abrazo.

Palmira
 
REGRESO


allí están la ciudad y mis comienzos

allí empieza el final

-no ladres, perro-

me acerco silenciosamente

en la ciudad no hay otoños

no crujen las hojas moribundas

humilladas por mis pies de hombre

quiero llegar a la plaza

de la pequeña iglesia

la que en su puerta tiene

el eterno obituario


me acerco silenciosamente

aunque las piedras no duermen

las piedras de la vieja torre

las piedras que dan paso

a los carros trepidantes

las piedras que dan voz

a las aguas de la fuente

vigilan mi lento caminar

como una sombra desgajada

de alguien que no es


nunca visteis los ojos silenciosos de las piedras

pero ellos nos vigilan

sus retinas de sílice

están detrás de la fugaz lagartija

y contemplan cómo

me acerco a la plaza antigua

la de la pequeña iglesia

donde aún quedan los ecos de mis juegos

allí risas allí el murmullo de las viejas

las ventanas con densas celosías de hierros

celan la luz y las miradas

detrás sigue estando ella

-o quizás no, es tan antigua la plaza-


llegué: aquí empieza el final

en las viejas piedras verdes

en el eco nocturno de las risas de sus risas

quiero descansar detrás de las herradas ventanas

dormirme en el vuelo de los vencejos

morirme en el agua callada de la fuente

tumbarme al lado de ella

escuchar juntos el murmullo de las viejas

-pero tal vez ella no esté

es tan antigua la plaza-

descansar de mi pequeña cotidiana muerte

y seguir de nuevo hasta el principio.
Bellísima poesía... Tengo yo también, como todos quizás ese lugar donde todo vuelve a comenzar, ese lugar detenido en el tiempo, que siempre es nostalgia y recuerdo cada vez que regresas.
Un saludo y toda mi admiración a su poesía.
 
REGRESO


allí están la ciudad y mis comienzos

allí empieza el final

-no ladres, perro-

me acerco silenciosamente

en la ciudad no hay otoños

no crujen las hojas moribundas

humilladas por mis pies de hombre

quiero llegar a la plaza

de la pequeña iglesia

la que en su puerta tiene

el eterno obituario


me acerco silenciosamente

aunque las piedras no duermen

las piedras de la vieja torre

las piedras que dan paso

a los carros trepidantes

las piedras que dan voz

a las aguas de la fuente

vigilan mi lento caminar

como una sombra desgajada

de alguien que no es


nunca visteis los ojos silenciosos de las piedras

pero ellos nos vigilan

sus retinas de sílice

están detrás de la fugaz lagartija

y contemplan cómo

me acerco a la plaza antigua

la de la pequeña iglesia

donde aún quedan los ecos de mis juegos

allí risas allí el murmullo de las viejas

las ventanas con densas celosías de hierros

celan la luz y las miradas

detrás sigue estando ella

-o quizás no, es tan antigua la plaza-


llegué: aquí empieza el final

en las viejas piedras verdes

en el eco nocturno de las risas de sus risas

quiero descansar detrás de las herradas ventanas

dormirme en el vuelo de los vencejos

morirme en el agua callada de la fuente

tumbarme al lado de ella

escuchar juntos el murmullo de las viejas

-pero tal vez ella no esté

es tan antigua la plaza-

descansar de mi pequeña cotidiana muerte

y seguir de nuevo hasta el principio.
Los pequeños detalles como invocados. el silencio para encontrarla en esos
recuerdos que son auspicio de una caricia helada. ella se fue, lo cotidiano
se desmenuza en el limite de la luz..., asi laas formas asisten a esa
muerte sin arrugas. excelente para los momentos que vivo.
saludos siempre de luzyabsenta
 
Muchas gracias, Carlos, por esta inesperada revitalización de un antiguo poema (creo que de allá por el abril de 2015). Las razones de nostalgia que me animaron a escribirlo siguen vivas y vigentes, puede que incluso más atenazantes. De ahí mi agradecimiento. Un abrazo, amigo mío.
miguel
 

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