XANA
Poeta fiel al portal
¡Bendita reina de,
los encantamientos!
Criatura celestial, noble de cuna noble,
nacida de la espuma del mar
como la misma Venus.
Tú, que moras próxima a la casa de la diosa,
loada seas por siempre
así como honrosamente laureados
tu cohorte de aves marinas
e, igualmente, el coro de querubines
y serafines que, postrado en hinojos,
a tus pies se apresta;
acógenos en tu seno, como a tus criaturas,
vencidas por los embates del destino,
otórganos tu aliento.
¡Misericorde reina de los encantamientos!
¡Tú, que eres el más sabroso fruto
que Gea pudiese hacer germinar!
¡Tú, que riges nuestra caduca existencia
haznos merecedores de tus dones y tu gracia!
La que en su regazo acoge
a los desheredados de la diosa Fortuna,
a los que huyen de ignotas tempestades,
a los náufragos de la felicidad,
a los hijos de la desdicha,
a los amores pródigos que no osan volver,
a los efímeros poetas condenados
al ostracismo lejos del Parnaso,
a los mutilados emocionalmente,
a los parias expulsados del edén...
haznos merecedores de tu dogma,
fieles compromisarios de tu esplendido atavío.
¡Maravillosa reina de los encantamientos!
La que predica la calma en las noches de tormenta
aguantando el timón y las velas,
la fiel guardiana de arcanos secretos,
la que, con firme temple, teje y desteje
en su rueca el hilo que conduce al Hades...
encanta las tenebrosas nubes,
que sobre nosotros se ciernen,
alejandonos de nuestro destino;
pon proa a nuestro navío
hacia el lugar donde moran los espíritus
de nuestros más remotos antepasados,
hogar de nuestros deudos.
¡Dulce reina de los encantamientos!
Náyade de ríos, torrentes y fuentes,
Talía de las nereidas,
bacante del canto y la música,
Terpsícore del baile y la danza,
Isis ensambladora de cuerpos y almas,
Juno, dueña y señora de su propio cielo,
a ti clamamos, de ti esperamos, rosa de los vientos,
en estos cuerpos hechos de barro
y del aliento de los dioses,
que eleves tus plegarias, como un ora pro nobis,
ante esos mismos dioses hacedores
para que no exoneren de los ominosos auspicios.
¡Fecunda reina de los encantamientos!
Se tú mi numen y llena de luz mis apagados ojos
y como libación te ofreceré gustoso
la sangre de mis venas
y el latido que mora en mi pecho.
los encantamientos!
Criatura celestial, noble de cuna noble,
nacida de la espuma del mar
como la misma Venus.
Tú, que moras próxima a la casa de la diosa,
loada seas por siempre
así como honrosamente laureados
tu cohorte de aves marinas
e, igualmente, el coro de querubines
y serafines que, postrado en hinojos,
a tus pies se apresta;
acógenos en tu seno, como a tus criaturas,
vencidas por los embates del destino,
otórganos tu aliento.
¡Misericorde reina de los encantamientos!
¡Tú, que eres el más sabroso fruto
que Gea pudiese hacer germinar!
¡Tú, que riges nuestra caduca existencia
haznos merecedores de tus dones y tu gracia!
La que en su regazo acoge
a los desheredados de la diosa Fortuna,
a los que huyen de ignotas tempestades,
a los náufragos de la felicidad,
a los hijos de la desdicha,
a los amores pródigos que no osan volver,
a los efímeros poetas condenados
al ostracismo lejos del Parnaso,
a los mutilados emocionalmente,
a los parias expulsados del edén...
haznos merecedores de tu dogma,
fieles compromisarios de tu esplendido atavío.
¡Maravillosa reina de los encantamientos!
La que predica la calma en las noches de tormenta
aguantando el timón y las velas,
la fiel guardiana de arcanos secretos,
la que, con firme temple, teje y desteje
en su rueca el hilo que conduce al Hades...
encanta las tenebrosas nubes,
que sobre nosotros se ciernen,
alejandonos de nuestro destino;
pon proa a nuestro navío
hacia el lugar donde moran los espíritus
de nuestros más remotos antepasados,
hogar de nuestros deudos.
¡Dulce reina de los encantamientos!
Náyade de ríos, torrentes y fuentes,
Talía de las nereidas,
bacante del canto y la música,
Terpsícore del baile y la danza,
Isis ensambladora de cuerpos y almas,
Juno, dueña y señora de su propio cielo,
a ti clamamos, de ti esperamos, rosa de los vientos,
en estos cuerpos hechos de barro
y del aliento de los dioses,
que eleves tus plegarias, como un ora pro nobis,
ante esos mismos dioses hacedores
para que no exoneren de los ominosos auspicios.
¡Fecunda reina de los encantamientos!
Se tú mi numen y llena de luz mis apagados ojos
y como libación te ofreceré gustoso
la sangre de mis venas
y el latido que mora en mi pecho.