Samuel17993
Poeta que considera el portal su segunda casa
I Parte:
http://www.mundopoesia.com/foros/prosa-generales/347861-relatos-kafkianos-parte-i.html
II Parte:
http://www.mundopoesia.com/foros/prosa-generales/348689-relatos-kafkianos-parte-ii.html
III Parte:
Escribir
15/05/2011
Palabras
15/05/2011
Caída en el agua
La mar. Las olas pasan placidas, en la calma regida por las mareas. Me mareo, me marea
. Chocan las olas contra el acantilado
¡Voy a caerme!... me ca
í ¡Cómo es de fría el agua y qué calmante!15/05/2011
El Laurel del poder
Apolo corría por el campo, siguiendo a Dafne. Dafne corrió, huyendo del loco de Apolo, poseído. No pensaban, pues no podían; debían, Dafne huir y Apolo cogerla a ella. Dafne pidió a los dioses y la convirtieron en laurel; Apolo casi la tenía, pero, ya al tenerla, se transformó
en un maldito árbol. Patoso, hundió la pierna en la tierra y, por primera vez, sintió la humillación del Pathos humano. Patético, lloró, inútilmente. Creyéndose Dios, tuvo que humillarse por la ninfa que le rechazó. Quiso llevar a tributo el símbolo de su amor, el laurel, pero, efímero e idiota era eso, no sirvió para nada, porque ya nadie se acuerda ni del laurel, ni de ella, ni de él, el dios de la música, la poesía y quien lleva el carro que lleva al astro rey, al Sol.15/05/2011
El Espejo cóncavo
Ella se miraba en el espejo y, cada día, se veía más guapa, más bella su sonrisa y su cara, pero, luego, un inútil e idiota guaje, que tenía por vecino, la llamó
fea. Y todo cambió.16/05/2011
Ella se miraba en el espejo y, extrañada, cada día, se veía más fea, más ridícula su sonrisa y su cara, pero, yo, me enamoré de ella, de todo eso que su mente decía que era horrible.
Yo la quise querer, pero ella no quería quererse ni dejarse querer. La perseguí y, hasta, lo siento si parece idiota, la acosé, sólo por sus huesos y su miel, pero ella denegaba, ella, decidida, quiso vivir muriéndose en ese espejo, odiándose cada día más.
Yo la quise, la quiero y la querré, pero ella vive en las palabras de un subnormal que no la dejan vivir; su espejo, la visión pervertida de la realidad, vertía su condena y cárcel para ella; además, cada día, más y más, su mente se sumergía en el espejo, de ese anormal, y, como magia, se fundían como un prisionero en su propia prisión.
He deseado romper su espejo, pero creo que, ya, es parte de ella, que si lo destruyo, ella también desaparecerá y se hará añicos como ella hace con mi corazón. Seguirá prisionera del espejo, y, aunque lo intente evitar, yo seré, a su vez, su prisionero, el prisionero de una prisionera; Seremos, al fin y al cabo, esclavos de la imagen de las palabras de un payaso, disfrazado de vividor, que amargado tiene que fingir su felicidad para disfrutar, de vez en cuanto, de alguna estupidez. Somos esclavos invisibles de las imágenes de un miope de retina concavada de los espejos de sus ojos; al fin y al cabo, como todos, estamos tiranizados por alguna invisible cadena.
El Grito
Caminaba por las calles de la gran ciudad. Empezaba a tener un cierto desconocimiento de la situación, estaba mareado y su cuerpo parecía estar en una levedad increíble; su vista debía estar mal: los edificios se movían como si hubiera un terremoto, se le acercaban, alejaban y cercaban, y el suelo se movía y parecía como si se elevara y hundiera en la tierra.16/05/2011
Empezó a correr. Corrió por las calles. Nadie lo miró mientras se zambullía por el laberinto de la ciudad, intentando buscar unas alas para salir de ese terror, de esa angustia, pero no consiguió nada. Se oían en su cabeza miles de ruidos de las voces sin orden y en caos total, mientras que sin éxito huía, apresuradamente, de esa extraña situación circense, que se le presentaba ante los ojos.
Se apresuró hasta la medianía del casco viejo; deseaba gritar, chillar, cogerse pelos, y su corazón deseaba salir del pecho, pues no podía respirar. Finalmente, hizo lo que deseaba, pero sólo consiguió que llamaran a las autoridades que lo llevaron al hospital, siendo traslado rápidamente hasta el siquiátrico, sin preguntarle, pues, para ellos, el gritar, en medio de la calle, es de locos.
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