Escapando como pudiste
tropezaste con la naturaleza
a la que arrastraste
con un sol desconocido
y una luna que ignorabas.
Te llevaste todo como poco
doblegando al camino
que no dudó
en atar ríos para hacerte
un mar.
Pero de golpe te frenaste
cuando tus minutos se cayeron
el aire se colmó de telarañas
y tus ojos se vidriaron.
Tus segundos se mezclaron
como se mezclan
los granos de arena
y otro tiempo
a tu vuelta
comenzó a correr.