Reloj de arena

danimub

Poeta fiel al portal
Vi su reloj de arena,
prisionero en la vitrina;
entre dos enciclopedias
y un suvenir de la India,
alguien debió ir a la costa
de alguna isla soleada
y secuestrar esa arena
que se bronceaba en la playa.

Despojada de su encanto
y de sus libres anhelos,
dejó de besar el mar
y acariciar sus cabellos,
dejó de ser blanda huella,
dejó de ser horizonte,
ya nunca vio la galaxia
desnuda sobre la noche.

Por no saber defenderse,
en un vidrio la metieron
y zarparon en un barco,
para venderla en un puerto.

Nadie podía contarla,
era insondable su cifra,
ahora miden el tiempo
con su humillante caída.
Alguna vez fue infinita
cual las estrellas del cielo,
hoy es breve eternidad
encapsulada en el tiempo.

¡Hay! Pensé, que desgracia,
triste adorno en la repisa,
pero volví a sonreír
cuando pensé en la justicia;
Pues me asomé al mueble ingrato,
para mirarla de cerca
y hallé ese barco tirano,
cautivo en una botella...​
 
Última edición:
Vi su reloj de arena,
prisionero en la vitrina;
entre dos enciclopedias
y un suvenir de la India,
alguien debió ir a la costa
de alguna isla soleada
y secuestrar esa arena
que se bronceaba en la playa.

Despojada de su encanto
y de sus libres anhelos,
dejó de besar el mar
y acariciar sus cabellos,
dejó de ser blanda huella,
dejó de ser horizonte,
ya nunca vio la galaxia
desnuda sobre la noche.

Por no saber defenderse,
en un vidrio la metieron
y zarparon en un barco,
para venderla en un puerto.

Nadie podía contarla,
era insondable su cifra,
ahora miden el tiempo
con su humillante caída.
Alguna vez fue infinita
cual las estrellas del cielo,
hoy es breve eternidad
encapsulada en el tiempo.

¡Hay! Pensé, que desgracia,
triste adorno en la repisa,
pero volví a sonreír
cuando pensé en la justicia;
Pues me asomé al mueble ingrato,
para mirarla de cerca
y hallé ese barco tirano,
cautivo en una botella...​
Bello poema danimub, la historia se acopla al verso y atrapa, un gusto leerte, saludos cordiales.
 
¡¡¡MARAVILLOSO!!!

Vi su reloj de arena,
prisionero en la vitrina;
entre dos enciclopedias
y un suvenir de la India,
alguien debió ir a la costa
de alguna isla soleada
y secuestrar esa arena
que se bronceaba en la playa.

Despojada de su encanto
y de sus libres anhelos,
dejó de besar el mar
y acariciar sus cabellos,
dejó de ser blanda huella,
dejó de ser horizonte,
ya nunca vio la galaxia
desnuda sobre la noche.

Por no saber defenderse,
en un vidrio la metieron
y zarparon en un barco,
para venderla en un puerto.

Nadie podía contarla,
era insondable su cifra,
ahora miden el tiempo
con su humillante caída.
Alguna vez fue infinita
cual las estrellas del cielo,
hoy es breve eternidad
encapsulada en el tiempo.

¡Hay! Pensé, que desgracia,
triste adorno en la repisa,
pero volví a sonreír
cuando pensé en la justicia;
Pues me asomé al mueble ingrato,
para mirarla de cerca
y hallé ese barco tirano,
cautivo en una botella...​
 

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