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Reloj desesperado

Tema en 'Relatos extensos (novelas...)' comenzado por Nat Guttlein, 19 de Mayo de 2020. Respuestas: 2 | Visitas: 68

  1. Nat Guttlein

    Nat Guttlein アカリ

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    Una guitarra eléctrica que resuena en mi derecha y un par de platillos dando salvajemente en mi izquierda, son los que me acompañan el octavo día de lo que hasta ahora, han denominado "cuarentena total obligatoria". The Doors con su “light my fire” son quienes me hacen compañía en estos momentos. Un lunes 23 de marzo del año 2020 a las 17:39. La ventana sigue pincelando luces en el piso y sobre la habitación, junto con el sol de la tarde, la ropa también sigue igual de sucia, aunque hay una camiseta de la selección francesa que aún intenta mantenerse sobre el escritorio. Las canciones se siguen reproduciendo, miro a mi izquierda, Crimen y Castigo de Fiodor Dostoievski sigue pausado en el mismo capítulo al que siempre llego, al número 5. Es verdad que tengo cierta obsesión con los números impares y todos los mitos raros que éstos llevan consigo, los viernes 13 y todos sus maleficios, me han llevado a no pisar las grietas de las veredas, aunque a decir verdad es algo que ya hago por simple costumbre. La ventisca profunda del ventilador me despierta.

    Sigo observando todo a mí alrededor, escuchando las aves, aquellas que también y en las madrugadas me encuentran despierta.

    Las autoridades pasan cada noche, recordándonos cuan de resguardados tenemos que encontrarnos. Y todas las historias que se vienen a mi mente ante el sonido de aquellas sirenas, recobran su color y se forman como dibujos en mi imaginación, como los que están pegados en la pared frente a mí, como las manchas que escarban en las maderas que recubren mi techo. Ese techo que se ha transformado en mi cielo, en mis estrellas y Luna.

    Mirar series y películas se ha vuelto el sustento de mi mente. Ni hablar de todas las poesías que vacío en mi teléfono o la decadencia de sujetarme siempre del mismo libro, del mismo fin y entre los brazos de la misma protagonista.

    Ni hablar de las hazañas que viven los héroes de mis historias, si hasta hace una hora nada más me encontraba corriendo desesperada, de un monstruo. Lo sé, tengo que estar adentro, pero mi mente no resiste y de vez en cuando se sale a correr en la piel de alguien más y bajo otro nombre que no es el mío, pero es igual de mío. Ahora suena Audioslave de fondo y mis prosas comienzan a sufrir la agonía incesante de perderme entre lágrimas. Me levanto, lavo mis manos por cuadragésima vez, acomodo el mismo mechón de pelo que sigue saliéndose de mi coleta y vuelvo. Ahora mismo mis poesías se me cagan de risa en la cara, la depresión lee lo que escribo y se sienta. La abstinencia me escoce la piel y me susurra al oído -un cigarro más y listo.

    El encendedor sigue sin querer funcionar y ahora mismo mis frases tampoco pueden conectar palabra. La tristeza se instaló a vivir en mi almohada y no quiere mudarse. Mi novia no me escribe y la apatía sentimental no me permite hablarle. Mi mejor amigo me manda mensajes, pero tampoco tengo deseos de responder un -Estoy bien, porque los demonios se ríen fuerte y me lastiman los tímpanos. Ya dan las 18:00 en punto. Cierro los ojos, cierro mi computadora junto con todos sus programas, me pongo en pie y salgo a la sala. El té estará listo en unos minutos y yo recuerdo que de vez en cuando, es bueno tener un reloj encima, nos recuerda todo el tiempo que perdemos despiertos soñando, analizando, ansiando una libertad que nos engaña, que se reproduce como cd rayado y que esconden los periodistas de la tv. Mamá insiste en llenar sus miedos de noticias gastadas. Sacadas debajo de aquel monstruo apodado sociedad y que se ve en los diarios.

    Historias de terror con el mismo final, sangre con el mismo color y un dolor que me oprime el pecho. Fumo otro cigarro más, miro un nuevo día aproximarse y otra herida pintándose entre mis letras. Personajes sin escape, monstruos de puños duros y sentimientos atravesados por algo que no sé decir. Sé escribir, aunque en ellos aún sigo siendo alumna.
     
    #1
    A Grace y Gustavo Cervantes les gusta esto.
  2. Gustavo Cervantes

    Gustavo Cervantes un loco en la cornisa

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    te acompaño en tu aburrida novela... hay dias de esos.. y luego me confundes entre
    tus preferencias.. no se quien eres pero eso no importa... tenemos el mismo estilo de escribir,
    también yo soy bloguero.. en ese gran salón de los prosistas.

    invitame a leerte Nat
     
    #2
  3. Sinedie

    Sinedie Sinediè

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    #3

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