La Corporación
Poeta veterano
(Siquiátrico Evaristo Corumelo,
Octubre 21 de 2008, creo)
Renato,
por fin la policía me dio la carta que encontraron a la Reme.
Es una carta extraña.
Esperé tanto bajo aquel puente
que empezó a dolerme el olvido
tanto como mis manos.
¡TamuKi!
¿Qué razón hay para estar pasando frío?
Llegaste,
llegaste transformado
en mi sueño
-supe siempre quién eras-
yo te hablaba, con diez años,
cuando me hacían el amor
en la soledad de mi cuarto
y por ti pude resistir.
¡Vamos nos esperan!
Era una sensación rara escapar
del frenopático en busca de ternura.
Me sentí adolescente
en su primera travesura,
viento fresco en verano,
la primera cerveza del mediodía.
Y, traviesas, mis manos sudaban
los medicamentos que nunca debí tomar.
(Si tengo que morir a este mundo
quiero ser consciente de mi tránsito
no llorar ausencia eternamente).
Canté y bailé a la luna
que miraba con ojos de madre,
le grité a la que nunca conocí
llorando mi locura.
Oh, pájaro TamuKi
háblale tú del fuego que me consume
y me hace bella.
¡Yo también quiero la hermosura
de las rosas que mordía en el hospital!
Tráeme el veneno de la noche,
el veneno de la muerte,
mi única compañera segura.
Ya es tarde para nuestro amor,
no para dormir,
tengo sueño, mucho sueño...
Acabo de tomar la decisión
y me siento plena de gozo,
dueña nuevamente de mi destino.
El pájaro me toma entre sus plumas,
es la última embestida,
su veneno me adormece.
Te dejo un montón de poesía
bajo la roca que nos valió de cama y de altar
de cuna y de lagar.
Espero que puedan servirte de liturgia
en este barco que ya deriva.
TamuKi, hermoso compañero,
por fin me sonríes dulcemente
fuera de ese hospital miserable.
Llévame, llévame al mar.
Al acantilado que siempre
fue nuestro destino.
¡Me habla, me habla
y me seduce con lindas canciones!
(Ah-uh nayah oh-wa oh-wa
abuelo te estoy escuchando).
Me está llamando enamorado,
no puedo resistirme a su beso
que yo sé mortal.
El mar abrazará mi cuerpo
como nunca lo hizo ningún hombre.
Adiós TamuKi,
pájaro inmortal.
Remedios Virato
Octubre 21 de 2008, creo)
Renato,
por fin la policía me dio la carta que encontraron a la Reme.
Es una carta extraña.
Esperé tanto bajo aquel puente
que empezó a dolerme el olvido
tanto como mis manos.
¡TamuKi!
¿Qué razón hay para estar pasando frío?
Llegaste,
llegaste transformado
en mi sueño
-supe siempre quién eras-
yo te hablaba, con diez años,
cuando me hacían el amor
en la soledad de mi cuarto
y por ti pude resistir.
¡Vamos nos esperan!
Era una sensación rara escapar
del frenopático en busca de ternura.
Me sentí adolescente
en su primera travesura,
viento fresco en verano,
la primera cerveza del mediodía.
Y, traviesas, mis manos sudaban
los medicamentos que nunca debí tomar.
(Si tengo que morir a este mundo
quiero ser consciente de mi tránsito
no llorar ausencia eternamente).
Canté y bailé a la luna
que miraba con ojos de madre,
le grité a la que nunca conocí
llorando mi locura.
Oh, pájaro TamuKi
háblale tú del fuego que me consume
y me hace bella.
¡Yo también quiero la hermosura
de las rosas que mordía en el hospital!
Tráeme el veneno de la noche,
el veneno de la muerte,
mi única compañera segura.
Ya es tarde para nuestro amor,
no para dormir,
tengo sueño, mucho sueño...
Acabo de tomar la decisión
y me siento plena de gozo,
dueña nuevamente de mi destino.
El pájaro me toma entre sus plumas,
es la última embestida,
su veneno me adormece.
Te dejo un montón de poesía
bajo la roca que nos valió de cama y de altar
de cuna y de lagar.
Espero que puedan servirte de liturgia
en este barco que ya deriva.
TamuKi, hermoso compañero,
por fin me sonríes dulcemente
fuera de ese hospital miserable.
Llévame, llévame al mar.
Al acantilado que siempre
fue nuestro destino.
¡Me habla, me habla
y me seduce con lindas canciones!
(Ah-uh nayah oh-wa oh-wa
abuelo te estoy escuchando).
Me está llamando enamorado,
no puedo resistirme a su beso
que yo sé mortal.
El mar abrazará mi cuerpo
como nunca lo hizo ningún hombre.
Adiós TamuKi,
pájaro inmortal.
Remedios Virato
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