david_espertidumbre
Poeta recién llegado
Hace dos años escribí esto:Tiemblo, no de miedo sino de frío. Me duele la cabeza, creo que estoy enfermo. Pero enfermo de todo, por todo, con todo, para todo, a todo, en todo, sobre todo, etc. Estoy triste/alegre por estar enfermo. Debo ser un psicópata en potencia, un filósofo puro, un hombre/niño solitario y triste, un sociable y alegre muchacho/anciano amado y odiado por la vida y la muerte. ¡Cuántos deseos y desprecios tengo de la vida y la muerte! Sí, sí, amigos, soy un contradicción. Simple e inevitablemente un loco y una incoherencia existencial. Una paradoja sentimental, una antítesis filosófica-doctrinaria, una paradoja vocacional y sexual. Una contradicción, amigos.Quizá por ello, en este momento no pueda deshacerme excluyentemente de ninguna de las dos. Bueno, la verdad es que no quiero nada de exclusión, más bien de inclusión, ambas me gustan y me disgustan. Pero creo que no es normal ni bueno para cada una por separado. Porque cuando María Carmen o María Esperanza, (es una sorprendente coincidencia que ambas se llamen María), o cuando María Esperanza o María Carmen (el orden no interesa, ¿no?), se ensimisman en mí y en el tema de la otra y/o la paralela relación, ambas quieren terminar con la relación; pero yo sé que nunca lo harán (nunca es una palabra que supera el tiempo, el espacio, la vida y la muerte), yo sé que a ambas les gusto, yo sé finalmente que ambas me aman como yo únicamente sé amar. Pero
¿hasta cuándo viviré así?, ¿qué debo o qué no debo hacer?María Carmen es dulce y sexual. Dirige mis habilidades literarias y filosóficas y una parte de mi remota naturaleza humana. Me lleva a la discoteca para enseñarme que la libertad consiste en saber dominarme a mí mismo en los momentos de sulfuro, de pasión, de melancolía y de hambre. Es fanática de la soledad como yo (y no me explico cómo así estamos juntos) pero comparte conmigo el deseo de sobresalir y buscar el orden en las cosas del mundo. Me incita al suicidio en los momentos de percepción caótica y confusa de la sociedad. Es bella, y en realidad no quiere que muera sino hasta gozarme en los últimos días de mi juventud. Creo que con ella, solo con ella, me iría bien en la universidad. Lo malo es que con ella soy inestable, a veces me ambiciona, me desanima, me insulta, me causa eso que llamo deseos de suicidarme. Pero así son todas las relaciones. Las peleas son ineluctables en la relación.Por su parte, María Esperanza es como su nombre, la plena confianza que aquello ocurrirá, entonces todas las cosas estarán bien, David, me dice, apenas tocándome la mano y el hombro, no como María Carmen, atrevida y carnal. María Esperanza me lleva a la iglesia para enseñarme que la libertad consiste en saber dominarme a mí mismo, pero a través de Dios. No es fanática de la soledad sino del silencio, yo creo que es una chica sumamente inteligente y prudente, escucha antes de hablar. Cree que el mundo no tiene solución sino a través de Dios. Este mundo se acabará, me dice mirándome a los ojos. También es bella, no sé si como María Carmen. Ella no quiere que muera, al contrario, quiere que viva y que efectivamente me haga un filósofo, pero uno del amor y la paz. Con ella me va mal en la universidad, es una chica exigente, quiere que esté todo el día con ella, eso no me gusta, tampoco que no me reprime ni me llame la atención, a veces digo pura tontería y ella sabiéndolo no me lo dice, sino que espera que yo mismo me de cuenta. No sé cómo, conociéndome así como lo he descrito con María Carmen, sigue estando conmigo. Qué querrá.Por favor, amigos, ustedes están menos locos que yo; yo creo que ustedes podrían aconsejar autorizadamente para bien. Más bien perdonen la sinceridad. Ya no puedo con la consciencia.
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