Carlos Aristy
Poeta que considera el portal su segunda casa
Remembranzas.
¿Recuerdas los atardeceres cuando te visitaba?
Tus besos contenían la alquimia que sustentaba mi alma.
Aquellos largos y húmedos besos del deseo,
como si la vida se fuera agotar en el próximo segundo.
Yo los recuerdo vividamente. El azúcar de tu boca
y la loca, desesperada pasión de tus manos.
Y las mías, elocuentes parlanchinas, que no sabían
en su afán de descubrimiento, si subir o bajar.
Ya lo dijo Darío en sus agonizantes versos de juventud,
divino tesoro que una vez tuvimos y no supimos apreciar.
Yo recuerdo el cincel esculpiendo tu cuerpo
y aquel olor a flores que dejabas en mis manos...
¡Ay amor del recuerdo, que tan cerca te siento!
El chasquido de tus besos estallando en mi cuello,
aquella sensualidad de delicados pétalos en tu pecho
y tus ojos inmensos, para nunca decir adiós...
¿Recuerdas los atardeceres cuando te visitaba?
Tus besos contenían la alquimia que sustentaba mi alma.
Aquellos largos y húmedos besos del deseo,
como si la vida se fuera agotar en el próximo segundo.
Yo los recuerdo vividamente. El azúcar de tu boca
y la loca, desesperada pasión de tus manos.
Y las mías, elocuentes parlanchinas, que no sabían
en su afán de descubrimiento, si subir o bajar.
Ya lo dijo Darío en sus agonizantes versos de juventud,
divino tesoro que una vez tuvimos y no supimos apreciar.
Yo recuerdo el cincel esculpiendo tu cuerpo
y aquel olor a flores que dejabas en mis manos...
¡Ay amor del recuerdo, que tan cerca te siento!
El chasquido de tus besos estallando en mi cuello,
aquella sensualidad de delicados pétalos en tu pecho
y tus ojos inmensos, para nunca decir adiós...