lauflorcita
Poeta que considera el portal su segunda casa
Llegabas vos.
Ese pedazo de cielo
albergándose en tus manos,
despertaba los latidos
de una vida
que abría los ojos al mundo.
Llegabas...
La gestación del beso
se rendía a tu espera
y nacía en tu boca tras la vuelta,
como si el tiempo
en tus labios
nunca hubiese transcurrido.
Y ahora,
ahora no hay llegadas,
no hay cielos ni regresos,
ni esperanzas
de labios desgastados
de espera.
Ahora me pregunto
por qué me abandonaste
con este cielo a cuestas.
Me pregunto
por qué te fuiste
sin una partida
y por qué diste la vuelta
sin darme la espalda.
Vos sabés
que ciento ochenta grados
no bastan
para igualar
la fuerza de tus giros,
y esta vida se cansó
de tambalearse por el mundo.
Sabés...
que tus reminiscencias
no saben
que ya no habrá llegadas,
ni cielos,
ni regresos,
ni labios
que siquiera
les confiesen
la verdad.
Ese pedazo de cielo
albergándose en tus manos,
despertaba los latidos
de una vida
que abría los ojos al mundo.
Llegabas...
La gestación del beso
se rendía a tu espera
y nacía en tu boca tras la vuelta,
como si el tiempo
en tus labios
nunca hubiese transcurrido.
Y ahora,
ahora no hay llegadas,
no hay cielos ni regresos,
ni esperanzas
de labios desgastados
de espera.
Ahora me pregunto
por qué me abandonaste
con este cielo a cuestas.
Me pregunto
por qué te fuiste
sin una partida
y por qué diste la vuelta
sin darme la espalda.
Vos sabés
que ciento ochenta grados
no bastan
para igualar
la fuerza de tus giros,
y esta vida se cansó
de tambalearse por el mundo.
Sabés...
que tus reminiscencias
no saben
que ya no habrá llegadas,
ni cielos,
ni regresos,
ni labios
que siquiera
les confiesen
la verdad.