Renacimientos

ANTILOPE

Poeta recién llegado
El resplandor rojizo de las albas
donde las nubes se tiñen de palabras
oraciones de vida escritas en mi alma
que me recuerdan la levedad de mis hazañas.

Deambulamos entre causas efímeras falsas
esperando el destino que no se halla
somos como la nieve de cumbres heladas
que muere en las primaveras renovadas.

Como un cauce de escorrentía de una rambla
de pronto árido por un estío sin esperanza
otrora caudaloso de fértiles y copiosas aguas
lluvias en el desierto de mis dunas blancas.

El tronco marrón de huesudas ramas
como cicatrices de vida tatuadas
hibernando el verde que mi interior guarda
como una semilla dormida en su cáscara.

Raíces que buscan el mineral de sus viandas
que rompen la dureza de las piedras pesadas
abriendo caminos entre arcillas amargas
como una enredadera tejida sin pausa.

El limo que sedimenta la marejada
vivifica las tierras abandonadas
donde las hojas olvidaron su causa
y las praderas son historias antañas.

Las aves sueñan cantar su balada
entre riscos de puntiagudas armas
restos de un incendio que no acaba
ente cenizas grises tristes y apagadas.
 
El resplandor rojizo de las albas
donde las nubes se tiñen de palabras
oraciones de vida escritas en mi alma
que me recuerdan la levedad de mis hazañas.

Deambulamos entre causas efímeras falsas
esperando el destino que no se halla
somos como la nieve de cumbres heladas
que muere en las primaveras renovadas.

Como un cauce de escorrentía de una rambla
de pronto árido por un estío sin esperanza
otrora caudaloso de fértiles y copiosas aguas
lluvias en el desierto de mis dunas blancas.

El tronco marrón de huesudas ramas
como cicatrices de vida tatuadas
hibernando el verde que mi interior guarda
como una semilla dormida en su cáscara.

Raíces que buscan el mineral de sus viandas
que rompen la dureza de las piedras pesadas
abriendo caminos entre arcillas amargas
como una enredadera tejida sin pausa.

El limo que sedimenta la marejada
vivifica las tierras abandonadas
donde las hojas olvidaron su causa
y las praderas son historias antañas.

Las aves sueñan cantar su balada
entre riscos de puntiagudas armas
restos de un incendio que no acaba
ente cenizas grises tristes y apagadas.
todo esto es como cada ciclo primaveral, grato leerte Anti, besos y kikos, los de siempre
 

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