Cafla
Poeta recién llegado
Al recordarte me enojo,
porque no mereces ni eso.
Mientras sigues con tu vida,
te enamoraste y hallaste lo que conmigo no.
Yo he sido un desastre, llena de tus estragos y celdillas traumáticas,
con demasiadas preguntas e impactos.
Te evoco con mucha rabia aún y
necesito que eso ya no siga sucediendo,
necesito que mi mente no te proyecte,
aunque lo haga con mucho rencor.
Que ya no pregunte, desee ni imagine nada,
porque la imagen que dejaste,
sigue siendo aquella tan cruenta,
la súbita frase "ya no te amo" en su máxima expresión,
junto con una estela de tu rapidez para irte,
esperando que yo lo hiciera, sin preguntas,
sin preocupaciones ni despedidas.
Tú solo explotaste en una ínfima discusión y
me botaste a la calle como un quiltro,
como un perro que ya no quieren.
Mostraste toda la indolencia que nunca
habías esbozado en dos años…
Sin embargo lo hiciste y me fui, sin llorar,
no miré hacia atrás.
Y sí te recuerdo, no te extraño,
solo que cuando te recuerdo, se viene un mal sabor
uno amargo que no me dejaba amar o confiar.
Luego conocí a tu antónimo,
aquel que se quiso quedar sin importar
las malas circunstancias,
aquel que se quiso hundir conmigo,
quien ha estado en las malas,
desde el día cero, y no como tú,
que solo me amaste en los días soleados y
cuando las nubes empezaron a nublarlos,
tu amor menguó mágicamente y
me despachaste para siempre,
sin parches ni sutilezas ni
mucho menos explicaciones,
porque tuviste miedo de que yo te persuadiera
de tu tajante decisión,
en ese momento, me di cuenta de lo poco
que me llegaste a conocer.
Y tú lloraste solo lágrimas de cocodrilo,
porque sabías que yo no tenía adónde ir,
y la culpa te roía, pero por eso me pregunto
¿habrás sido tan infeliz que lo hiciste de todas maneras?
Y más encima desde ese momento,
el mundo conspiró para hacerme todo muy difícil,
pero sigo de pie, tambaleándome,
a veces con sollozos y
a veces con muchas ganas de rendirme,
con ganas de hundirme
de la manera que tú lo hiciste
aun cuando alguna vez me paraste del suelo.
Volviéndome a empujar,
pero esta vez, a tu olvido.
Te recuerdo seguido con rencillas y
siento que me traiciono y
soy desleal con este hálito
que se empeñó en quedarse en mi camino
con mucho ahínco y persistencia,
y aunque no quería amar de nuevo,
lo hago ahora, pero es un amor diferente
y siento que mi cuento contigo es aparte,
El resentimiento no se va aún y
todos los días trato de expulsarlo,
lo intento, lo espero con ansias… el olvido real.
¿Por qué se tarda tanto?
Quiero solo saborearlo como un mal recuerdo,
sin sentir esas horribles sensaciones tan vívidas.
Que ya no duela, que ya no arda, que no amargue mis deseos,
ni produzca frustraciones ni trancas.
Solo un mero recuerdo…
una experiencia más.
¿Es mucho pedir?
porque no mereces ni eso.
Mientras sigues con tu vida,
te enamoraste y hallaste lo que conmigo no.
Yo he sido un desastre, llena de tus estragos y celdillas traumáticas,
con demasiadas preguntas e impactos.
Te evoco con mucha rabia aún y
necesito que eso ya no siga sucediendo,
necesito que mi mente no te proyecte,
aunque lo haga con mucho rencor.
Que ya no pregunte, desee ni imagine nada,
porque la imagen que dejaste,
sigue siendo aquella tan cruenta,
la súbita frase "ya no te amo" en su máxima expresión,
junto con una estela de tu rapidez para irte,
esperando que yo lo hiciera, sin preguntas,
sin preocupaciones ni despedidas.
Tú solo explotaste en una ínfima discusión y
me botaste a la calle como un quiltro,
como un perro que ya no quieren.
Mostraste toda la indolencia que nunca
habías esbozado en dos años…
Sin embargo lo hiciste y me fui, sin llorar,
no miré hacia atrás.
Y sí te recuerdo, no te extraño,
solo que cuando te recuerdo, se viene un mal sabor
uno amargo que no me dejaba amar o confiar.
Luego conocí a tu antónimo,
aquel que se quiso quedar sin importar
las malas circunstancias,
aquel que se quiso hundir conmigo,
quien ha estado en las malas,
desde el día cero, y no como tú,
que solo me amaste en los días soleados y
cuando las nubes empezaron a nublarlos,
tu amor menguó mágicamente y
me despachaste para siempre,
sin parches ni sutilezas ni
mucho menos explicaciones,
porque tuviste miedo de que yo te persuadiera
de tu tajante decisión,
en ese momento, me di cuenta de lo poco
que me llegaste a conocer.
Y tú lloraste solo lágrimas de cocodrilo,
porque sabías que yo no tenía adónde ir,
y la culpa te roía, pero por eso me pregunto
¿habrás sido tan infeliz que lo hiciste de todas maneras?
Y más encima desde ese momento,
el mundo conspiró para hacerme todo muy difícil,
pero sigo de pie, tambaleándome,
a veces con sollozos y
a veces con muchas ganas de rendirme,
con ganas de hundirme
de la manera que tú lo hiciste
aun cuando alguna vez me paraste del suelo.
Volviéndome a empujar,
pero esta vez, a tu olvido.
Te recuerdo seguido con rencillas y
siento que me traiciono y
soy desleal con este hálito
que se empeñó en quedarse en mi camino
con mucho ahínco y persistencia,
y aunque no quería amar de nuevo,
lo hago ahora, pero es un amor diferente
y siento que mi cuento contigo es aparte,
El resentimiento no se va aún y
todos los días trato de expulsarlo,
lo intento, lo espero con ansias… el olvido real.
¿Por qué se tarda tanto?
Quiero solo saborearlo como un mal recuerdo,
sin sentir esas horribles sensaciones tan vívidas.
Que ya no duela, que ya no arda, que no amargue mis deseos,
ni produzca frustraciones ni trancas.
Solo un mero recuerdo…
una experiencia más.
¿Es mucho pedir?