Khar Asbeel
Poeta fiel al portal
Mi dolor es íntimo, clandestino,
no expongo mí herida a la vulgaridad del sol,
sostengo mis entrañas con las manos
cegando con el polvo el reclamo de mí sangre.
No soy fuerte ni lo imposto
pero maquillo de sonrisa el visaje del fracaso
para no pregonar el fragor de mi caída,
para no satisfacer ajenas apetencias
con la desnuda verecundia de mi tosigo llanto.
Duermo con la soledad, en el temblor de su esquina
donde se pudre el rencor de mis ensueños suicidas.
Despierto siempre en el lado equivocado del mundo
donde la burla de la vida resuena con tirria lejana.
En las penumbrosas calle de negro desaliento
reverberan mis pasos sin encontrar margen
buscando en los muros emporcados de sangre
retazos de un destino que creí merecido.
Mi dolor es íntimo, solitario,
los tres calvos asiendo el pendo de mi derrota,
la lanza de Longinos horadando mis costado,
nimbos de negra espina mondando mi esperanza
oculta en tumba ajena bajo piedras de vergüenza.
Pero aun soy, aun existo,
aunque de mí solo quede la sombra de la fiebre
y el polvo donde sepulte mi ruina,
pero persisto en la braza de un rencor perseverante
encapsulado en apretada síntesis de un nombre.
no expongo mí herida a la vulgaridad del sol,
sostengo mis entrañas con las manos
cegando con el polvo el reclamo de mí sangre.
No soy fuerte ni lo imposto
pero maquillo de sonrisa el visaje del fracaso
para no pregonar el fragor de mi caída,
para no satisfacer ajenas apetencias
con la desnuda verecundia de mi tosigo llanto.
Duermo con la soledad, en el temblor de su esquina
donde se pudre el rencor de mis ensueños suicidas.
Despierto siempre en el lado equivocado del mundo
donde la burla de la vida resuena con tirria lejana.
En las penumbrosas calle de negro desaliento
reverberan mis pasos sin encontrar margen
buscando en los muros emporcados de sangre
retazos de un destino que creí merecido.
Mi dolor es íntimo, solitario,
los tres calvos asiendo el pendo de mi derrota,
la lanza de Longinos horadando mis costado,
nimbos de negra espina mondando mi esperanza
oculta en tumba ajena bajo piedras de vergüenza.
Pero aun soy, aun existo,
aunque de mí solo quede la sombra de la fiebre
y el polvo donde sepulte mi ruina,
pero persisto en la braza de un rencor perseverante
encapsulado en apretada síntesis de un nombre.