RENDICIÓN
Odio tener que decírlo,
odioso es reconoderlo;
llevo una espina clavada
justo en el centro del pecho
y cada vez que respiro
se introduce más adentro.
Es una espiga de trigo
con sus aristas de acero,
al intentar extraerla
se clavan con más denuedo
y no es dolor lo que irradian,
es un calor tan intenso
que me abrasa el corazón
enturbiando mi cerebro.
Al mismo instante de verte
se licüaron mis sesos,
sólo recuerdo tus ojos
que al mirarme sonrieron.
Se adueñaron de mi alma,
mis pensamientos, mis sueños.
Todo mi ser te reclama,
arde la sangre en mi cuerpo,
tumultüoso volcán
la incendia con el deseo
de refugiarme en tus brazos
recibiendo dulces besos.
Odio tener que decirlo,
temo refuses creerlo
y que te rías de mí
al confesarlo: ¡Te quiero!
Odio tener que decírlo,
odioso es reconoderlo;
llevo una espina clavada
justo en el centro del pecho
y cada vez que respiro
se introduce más adentro.
Es una espiga de trigo
con sus aristas de acero,
al intentar extraerla
se clavan con más denuedo
y no es dolor lo que irradian,
es un calor tan intenso
que me abrasa el corazón
enturbiando mi cerebro.
Al mismo instante de verte
se licüaron mis sesos,
sólo recuerdo tus ojos
que al mirarme sonrieron.
Se adueñaron de mi alma,
mis pensamientos, mis sueños.
Todo mi ser te reclama,
arde la sangre en mi cuerpo,
tumultüoso volcán
la incendia con el deseo
de refugiarme en tus brazos
recibiendo dulces besos.
Odio tener que decirlo,
temo refuses creerlo
y que te rías de mí
al confesarlo: ¡Te quiero!
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