P
Paloma Martin
Invitado
Y aquí estoy otra vez rendida ante esta blancura infinita
que me implora que deje todo de mi en la hoja.
Que le entregue en sacrificio como a una deidad ,
un corazón que late acompasado como el sonido
de un piano al salto de cada letra en el teclado.
Que tantas veces se desborda cuando me sangran
letras que bombean desde mi corazón desbocado.
Y aquí estoy otra vez rendida ante la escritura bendita
que me condena a abrir ventanas, a quitar el cerrojo
de algunas puertas que intento dejar cerradas
para que no se lea todo lo que hay detrás de mis ojos.
Y aquí estoy otra vez rendida ante mi amada poesía.
La que me salva de perecer en el intento
de ser feliz a toda costa.
La que me rescata de ahogarme en
el mar de sensaciones que llevo por dentro
y de naufragar, si no tuviera la orilla de mis versos.
que me implora que deje todo de mi en la hoja.
Que le entregue en sacrificio como a una deidad ,
un corazón que late acompasado como el sonido
de un piano al salto de cada letra en el teclado.
Que tantas veces se desborda cuando me sangran
letras que bombean desde mi corazón desbocado.
Y aquí estoy otra vez rendida ante la escritura bendita
que me condena a abrir ventanas, a quitar el cerrojo
de algunas puertas que intento dejar cerradas
para que no se lea todo lo que hay detrás de mis ojos.
Y aquí estoy otra vez rendida ante mi amada poesía.
La que me salva de perecer en el intento
de ser feliz a toda costa.
La que me rescata de ahogarme en
el mar de sensaciones que llevo por dentro
y de naufragar, si no tuviera la orilla de mis versos.
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