Réquiem de nueva vida

Förüq

ÚNICO
Réquiem de nueva vida

Indico, siga el camino
hacia su despertar:
- Como hombre nada poseo y mejor para mí.
El único libre, se miente creo.
Alma de hielo frío,
buscando meloso tormento.


1 -Admirarte lo hicieron para siempre.
2 -Sé lo que quiero,
ya expuesto hacer que mi difunta
cobre su vida.
3 -Escribir historia propia,
en proceso.
4 -Musa, mentirse a uno es hacer cielo sin mirador.
5 -Redención tus obras son mis amores.
6 -Mi número, no hay alma

no hay alma, yo te creo, tú me creas,
somos el alma,
libertad es tuya,
yo con la mía elegí cuidarte
en mi cariño.
Parte del todo lo considero
no saber quién es uno todavía.
No es mi caso puede,
aún no preguntaste,
y aún equilibrio de Musa no espera,
en conciencia hablando,
y sólo quedan acaso
y si sabes quién eres,
con ímpetu lo escondes, haces bien,
nada que negar,
nada que afirmar,
nada que defender,
uno sin referencia,
ni comparativa,
no es ocho tu infinito sonriente,
primero es último,
último es primero,
primer demonio consumado,
es último dios sin consumar.
Permiso.
Verdades asombren.

Cadúceo espiro:

Ola de escollo en tierra
consigna sembrada.
Llamas en ojo de sangre,
horizonte que atiende,
Luciente llama.
Escita levantas
de insignia pasajera;
mi dulzura de cólera nacida,
cantad mis años dulces a Diana
entre boscajes y frondas suaves
donde el torvo cielo no amenaza,
allí se blande mi ser recto
de conciencia pura
cantos se erijan
de verdad desnuda.
Sombra de saetas vanas.
Sangra luz viva,
altiva, nada sin tus honores
consagre el viento de plenilunio
ceñidas las verdes sombras
de las hiedras arrancando
liras al pueblo fragoroso.
Vieja entraña lacerada,
escucha
el reverdecer de la sagrada cepa.
Vestal engarzada,
encorajinados templos
nacidos del fin
de los tiempos,
túmulos de luz
con soterrada cripta,
abriendo, despertando
senderos sin final,
sólo comienzo
llamando la resurrección;
posando nido de nueva sangre,
sonando los clamores,
tambores aguardan la nueva guerra
que trae la vida,
eterno resurgir
en vestigios yertos
transmigrando el eterno
ciclo existencial
por el que
quien nace guerrero,
guerrero muere
y guerrero renace,
en la lucha de completar
su alma en final.
De navegar el Valhala,
así bajar hacia arriba
la osadía
de Parnasos devorados
y furtivo conocimiento, que no acaba
como espiral de perfección era,
de siembra
de capataz del único
origen de tierra,
deslumbrado este hueso avanzo.


Llameante fuego,
de los cielos
acoges y al frío duermes
que los campos
ya no emblanquece.
A ti padre de los vientos
te imploro traigas tu negro vendaval.
Así choques Aquilón norteño,
con Ábrego;
abre esponjada la tierra
a tender umbroso,
páramo sin azote
del fuego del cielo,
oh labrador,
que clama ya,
la enhiesta primavera.
Sin honores
no hay versos,
ni comensales.
Cuál la vigorosa,
valerosa quimera
que el ser no enrosque,
llegada la hora.


El Castellano
 

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