Jose Anibal Ortiz Lozada
Poeta adicto al portal
Bajo el manto de una luna carmesí,
te encuentro en la cripta donde el tiempo dormita,
nuestros besos sellados con el frío del mármol,
en un susurro que a la muerte imita.
Tu rostro, pálido reflejo entre las sombras,
desvela la tristeza de los amantes perdidos,
en cada caricia, una lágrima negra se desliza,
como perlas que brotan de los olvidados nidos.
El viento gime, los viejos robles murmuran,
historias de aquellos condenados al crepúsculo,
nuestro amor, como un cáliz de veneno,
en la oscuridad eterna, profundamente oculto.
En este altar de pesares, donde los cuervos anidan,
te ofrezco mi corazón, un órgano marchito,
en la eternidad de nuestras almas entrelazadas,
amor gótico, en el velo nocturno, infinito.
te encuentro en la cripta donde el tiempo dormita,
nuestros besos sellados con el frío del mármol,
en un susurro que a la muerte imita.
Tu rostro, pálido reflejo entre las sombras,
desvela la tristeza de los amantes perdidos,
en cada caricia, una lágrima negra se desliza,
como perlas que brotan de los olvidados nidos.
El viento gime, los viejos robles murmuran,
historias de aquellos condenados al crepúsculo,
nuestro amor, como un cáliz de veneno,
en la oscuridad eterna, profundamente oculto.
En este altar de pesares, donde los cuervos anidan,
te ofrezco mi corazón, un órgano marchito,
en la eternidad de nuestras almas entrelazadas,
amor gótico, en el velo nocturno, infinito.