Quien nos conociera y nos conoce sostiene que no andamos a tiempo de nostalgias. Ciertamente no estamos a tiempo de nostalgias, pero la remembranza tampoco hace al bardo como el camino al caminante. ¿Lo hubimos de soñar alguna vez? ¿Somos la resurrección del sueño compartido? Allí, en el café de entonces, fabulábamos palabras, ahora huérfanas de aquel aroma que endulzaba las conversaciones y el ocaso. Compartida sea esta vigilia y evocados los miércoles del alma como un desalojo en la memoria. El recuerdo nos protege, pero el templo sigue prohibido, el templo y su café a gusto. Perdónenme la frase aunque no haya tiempo de nostalgias, y perdonen la nostalgia. El poeta vaga al filo del espanto, olvida su primer advenimiento. Nosotros acudimos a otro sitio, despojados de la noche, preteridos por el sueño, saboreando las quimeras y el café que humeaban al desaire.