Jorge Buckingham
Poeta recién llegado
Desde lo profundo del camino,
la silueta envuelve los corazones:
ofrenda del ejemplo misericordioso,
para luego fluir en tiempo sanguíneo;
el superlativo azul de neón.
Dejamos atrás el capullo,
cuando el solitario se camufla
en miradas de metal;
silencio de azufre,
un grito en el espacio:
El otoño de un mundo piadoso.
Y la trágica noche renace en las horas,
en el recuerdo del día esperado;
el cántico revuelve los ojos del frenesí,
cuando las almas descubren la vida,
y el misterio deslumbra en los atardeceres:
La mañana se sumerge en un disco de plata.
la silueta envuelve los corazones:
ofrenda del ejemplo misericordioso,
para luego fluir en tiempo sanguíneo;
el superlativo azul de neón.
Dejamos atrás el capullo,
cuando el solitario se camufla
en miradas de metal;
silencio de azufre,
un grito en el espacio:
El otoño de un mundo piadoso.
Y la trágica noche renace en las horas,
en el recuerdo del día esperado;
el cántico revuelve los ojos del frenesí,
cuando las almas descubren la vida,
y el misterio deslumbra en los atardeceres:
La mañana se sumerge en un disco de plata.
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