Martín Renán
Poeta adicto al portal
Si he creído en ti
entonces,
trae tus espinas y mi dolor,
de azotes
también el rezo que te niego.
Domingo, el centinela
en tu casa
y todos en tu sudario
a la hora de dormir.
Hasta hoy no hubo quien dobló
tu cruz
con los brazos
desnudos de memoria
(en la pared)
Y al pregón de la tarde.
—dentro—
Renuncié al milagro de creer en ti
en una cesta
y a mi sed de venganza
si de casualidad vinieras conmigo
(Porque hombre y hogar a la vez)
en la mesa
erramos todos de corazón,
mientras,
una oración
ardía como holocausto.
¡De silencio este mundo!
y
hubo quien
secó el lodo de mis pies;
en tu nombre
el juramento apócrifo.
¡Mañana quemaré mis alas, si tú existes!
entonces,
trae tus espinas y mi dolor,
de azotes
también el rezo que te niego.
Domingo, el centinela
en tu casa
y todos en tu sudario
a la hora de dormir.
Hasta hoy no hubo quien dobló
tu cruz
con los brazos
desnudos de memoria
(en la pared)
Y al pregón de la tarde.
—dentro—
Renuncié al milagro de creer en ti
en una cesta
y a mi sed de venganza
si de casualidad vinieras conmigo
(Porque hombre y hogar a la vez)
en la mesa
erramos todos de corazón,
mientras,
una oración
ardía como holocausto.
¡De silencio este mundo!
y
hubo quien
secó el lodo de mis pies;
en tu nombre
el juramento apócrifo.
¡Mañana quemaré mis alas, si tú existes!