manumalversación
Poeta fiel al portal
La mañana trata de colgar de los cables
a los pájaros y pierde mis respetos,
un soplo disipa la niebla.
Empieza hirviendo el día con sus vapores,
la ventana, más seria que nunca,
anuncia un precipicio demasiado amplio
para haberlo provocado un sólo hacha.
Las arenas de mi rostro forman un castillo,
donde me atrinchero,
que laman sus muros las vacas,
así las entretengo mientras entiendo mejor
los bostezos en la boca entreabierta del horizonte,
por encima de todo
la música me deja aprender su código,
su s.o.s. de hormigas inquietas,
imposible descifrar bajo el ala rota de la tierra.
Avanzan las promesas de a diario
para tensar la cuerda hasta que rompa,
sin comer ni beber me apaño,
sólo me protejo, qué más quisiera yo
que tener al viento en el pulmón
y sentirlo como látigo de aliento.
Al final del día, bien medido por las agujas,
observo las estalagtitas del techo,
para sorber a cuentagotas el zumo de estrellas,
que al fin y al cabo es lo único que tengo.
a los pájaros y pierde mis respetos,
un soplo disipa la niebla.
Empieza hirviendo el día con sus vapores,
la ventana, más seria que nunca,
anuncia un precipicio demasiado amplio
para haberlo provocado un sólo hacha.
Las arenas de mi rostro forman un castillo,
donde me atrinchero,
que laman sus muros las vacas,
así las entretengo mientras entiendo mejor
los bostezos en la boca entreabierta del horizonte,
por encima de todo
la música me deja aprender su código,
su s.o.s. de hormigas inquietas,
imposible descifrar bajo el ala rota de la tierra.
Avanzan las promesas de a diario
para tensar la cuerda hasta que rompa,
sin comer ni beber me apaño,
sólo me protejo, qué más quisiera yo
que tener al viento en el pulmón
y sentirlo como látigo de aliento.
Al final del día, bien medido por las agujas,
observo las estalagtitas del techo,
para sorber a cuentagotas el zumo de estrellas,
que al fin y al cabo es lo único que tengo.