Ana Clavero
Poeta que considera el portal su segunda casa
Un gusto volver a leerte. Un cierre majestuoso logras con tus versos. Un fuerte abrazo.
Gracias Salvador por tu visita.
Un beso.
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Un gusto volver a leerte. Un cierre majestuoso logras con tus versos. Un fuerte abrazo.
Dijiste luz y se rompió el mar
para hacer comprensible
el idioma de los peces.
Yo ya no fumaba,
pero inhalé el humo azul de estrellas
que manaba de tus dedos.
Y a mis gastadas botas le crecieron alas
y volaron,
a sabiendas de que eran unas alas prestadas
volaron.
Y con su vuelo avivaron el fuego
que abrigó el más gélido de los inviernos.
Viví, aun cuando tus zapatos
nunca se desperezaron bajo mi cama,
viví.
Hoy surcas otros cielos, que yo no podré alcanzar,
porque arrancar escamas de mis botas aladas
se ha convertido en un ejercicio agotador.
Mis maletas ya no viajaran junto a las tuyas
A Roma, Venecia o Salvador de Bahía,
pero gracias por señalármelos en los mapas.
La vieja caricatura del agua
seguirá fingiendo noches
sin necesidad de norias que la desnuden.
Hoy soy capaz de saludar al gesto de la luz
sin vestirme con la piel de los domingos.
Qué bueno Anita, y qué fuerte aparentemente este resistir, diferente de cuando comencé a leerte, mejoras como el vino, como el buen vino. Así se resiste con lo que fue, pudo ser y, o, será en nuestras memorias.
un besazo enorme y mis mejores deseos
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Encantador... de verdad encantador este retorno entre ss letras.
Un placer volver a leerle, a saber de usted, amiga mía.
Saludos, hasta pronto.
das pasos gigantes en esto de la poesía, mujer... y evolucionas... cuándo sale tu libro? ja... ya tienes cliente seguro...
Dijiste luz y se rompió el mar
para hacer comprensible
el idioma de los peces.
Yo ya no fumaba,
pero inhalé el humo azul de estrellas
que manaba de tus dedos.
Y a mis gastadas botas le crecieron alas
y volaron,
a sabiendas de que eran unas alas prestadas
volaron.
Y con su vuelo avivaron el fuego
que abrigó el más gélido de los inviernos.
Viví, aun cuando tus zapatos
nunca se desperezaron bajo mi cama,
viví.
Hoy surcas otros cielos, que yo no podré alcanzar,
porque arrancar escamas de mis botas aladas
se ha convertido en un ejercicio agotador.
Mis maletas ya no viajaran junto a las tuyas
A Roma, Venecia o Salvador de Bahía,
pero gracias por señalármelos en los mapas.
La vieja caricatura del agua
seguirá fingiendo noches
sin necesidad de norias que la desnuden.
Hoy soy capaz de saludar al gesto de la luz
sin vestirme con la piel de los domingos.
Dijiste luz y se rompió el mar
para hacer comprensible
el idioma de los peces.
Yo ya no fumaba,
pero inhalé el humo azul de estrellas
que manaba de tus dedos.
Y a mis gastadas botas le crecieron alas
y volaron,
a sabiendas de que eran unas alas prestadas
volaron.
Y con su vuelo avivaron el fuego
que abrigó el más gélido de los inviernos.
Viví, aun cuando tus zapatos
nunca se desperezaron bajo mi cama,
viví.
Hoy surcas otros cielos, que yo no podré alcanzar,
porque arrancar escamas de mis botas aladas
se ha convertido en un ejercicio agotador.
Mis maletas ya no viajaran junto a las tuyas
A Roma, Venecia o Salvador de Bahía,
pero gracias por señalármelos en los mapas.
La vieja caricatura del agua
seguirá fingiendo noches
sin necesidad de norias que la desnuden.
Hoy soy capaz de saludar al gesto de la luz
sin vestirme con la piel de los domingos.
Dijiste luz y se rompió el mar
para hacer comprensible
el idioma de los peces.
Yo ya no fumaba,
pero inhalé el humo azul de estrellas
que manaba de tus dedos.
Y a mis gastadas botas le crecieron alas
y volaron,
a sabiendas de que eran unas alas prestadas
volaron.
Y con su vuelo avivaron el fuego
que abrigó el más gélido de los inviernos.
Viví, aun cuando tus zapatos
nunca se desperezaron bajo mi cama,
viví.
Hoy surcas otros cielos, que yo no podré alcanzar,
porque arrancar escamas de mis botas aladas
se ha convertido en un ejercicio agotador.
Mis maletas ya no viajaran junto a las tuyas
A Roma, Venecia o Salvador de Bahía,
pero gracias por señalármelos en los mapas.
La vieja caricatura del agua
seguirá fingiendo noches
sin necesidad de norias que la desnuden.
Hoy soy capaz de saludar al gesto de la luz
sin vestirme con la piel de los domingos.
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