Isabel Miranda de Robles
Poeta que considera el portal su segunda casa
RESPETA EL SILENCIO
Respeta el silencio de los que prefieren callar. No forces los labios de un corazón herido, porque fácilmente saldrás ofendido.
El corazón es ciego ante la furia, y no ve lo que destruye a su paso; como la fuerza de la natura que se lleva todo sin que nada tenga la culpa. Las cosas no piensan, no pueden hacerse a un lado; pero tú, sí.
Deja las preguntas para cuando el enojo haya pasado, entonces todo será más claro y no habrá pérdidas que lamentar, no habrá perdones que pedir, ni nuevas ofensas que curar.
Solo aprende a conceder el derecho a permanecer callado.
Cuando hay un corazón dolido los pensamientos son sólidos, como piedras, como cuchillos: Dañan al que los siente y el que se obstina en escucharles habra de probarles todo su filo.
El silencio y la soledad, el meditar, en lento proceso los suaviza hasta que son líquido y ya no duelen, y la red de pescador que es el alma, poco a poco los ira devolviendo al mar: Lo que es del agua, al agua ha de volver.
Lo que es alimento, aprendizaje, el alma lo retiene.
Concédele silencio al que opte por él. Solo hazle saber, que estaras ahi, para cuando decida hablar.
ISABEL MIRANDA DE ROBLES
Respeta el silencio de los que prefieren callar. No forces los labios de un corazón herido, porque fácilmente saldrás ofendido.
El corazón es ciego ante la furia, y no ve lo que destruye a su paso; como la fuerza de la natura que se lleva todo sin que nada tenga la culpa. Las cosas no piensan, no pueden hacerse a un lado; pero tú, sí.
Deja las preguntas para cuando el enojo haya pasado, entonces todo será más claro y no habrá pérdidas que lamentar, no habrá perdones que pedir, ni nuevas ofensas que curar.
Solo aprende a conceder el derecho a permanecer callado.
Cuando hay un corazón dolido los pensamientos son sólidos, como piedras, como cuchillos: Dañan al que los siente y el que se obstina en escucharles habra de probarles todo su filo.
El silencio y la soledad, el meditar, en lento proceso los suaviza hasta que son líquido y ya no duelen, y la red de pescador que es el alma, poco a poco los ira devolviendo al mar: Lo que es del agua, al agua ha de volver.
Lo que es alimento, aprendizaje, el alma lo retiene.
Concédele silencio al que opte por él. Solo hazle saber, que estaras ahi, para cuando decida hablar.
ISABEL MIRANDA DE ROBLES
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