Oona
Poeta recién llegado

Siempre fue un consuelo
esperar en la avenida
a que llegara un chispazo de vida,
que de pronto apareciera
la conversación soñada
que me cambiara en unos minutos el mundo,
con ese dolor que rompe y unifica.
Era yo un espejo roto,
y filamento de piedra fosilizado.
Fuí entonces un halo, un hilo,
y un torrente.
Desde entonces tengo el dolor
sin costra burbujeando,
pero con los ojos secos
y el rostro inexpresivo,
tengo en el alma el silencio
de miles de acres de soledad,
soy un sueño de dolor,
respiro dolor,
duele insuflar el aire puro,
duelen los pulmones azules y morados,
y estoy viva,
condenada a esta vida,
esa es mi condena perpetua.
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