salgomanzano
Poeta veterano en el portal
La soledad, amiga y consejera,
se me acerca diciendome al oido:
"para moir en niebla, en olvido,
basta morirse de cualquier manera.
Es igual morirse en la primavera
de un infarto, que si fuere mordido
por las garras del hambre, o aterido
en un invierno languido cualquiera"
A mi me da lo mismo de sentirme,
callada la voz, al pie de una roca
muerto, para no volver, o evadirme.
Vengame a mi la muerte que me toca.
Me es indiferente de que morirme;
aunque es mejor morirse de tu boca.
Doblando estan lugubres las campanas.
Suena tambien el corazon a llanto.
En las frias veredas del espanto
un niño corre a las haldas cercanas.
Sonando esta el bronce. Por las ventanas
penetra sombra oscura con el canto.
A este niño mio yo lo levanto
a la luz saliente de las mañanas.
Suenan las campaanas campaneras
de Ciudad campanera. A lo lejos...
oscurecen el lejano camino
las oscuras corvidas mañaneras.
En la tarde clara de los espejos
hundese la luz del sol mortecino.
La esperanza os dejare todavia,
no lo que soy yo ni lo que hube sido.
Lo he tenido todo ya por perdido.
Aun perdido, lo doy con alegria.
La esperanza os dejare en la agonia...,
cuando me vaya, tiempo no venido.
Que yo os dejare lo no prometido
-aun contra mi voluntad, a fe mia-.
He de dejaros,´porque el destino
de vivir aqui, al final, es irse
lleno de fe o desnudo como vino.
Cuan amargo es el vivir -Dios lo ampara-.
Ganando esta el que sabe prevenirse
en lo que preve su mirada clara.
se me acerca diciendome al oido:
"para moir en niebla, en olvido,
basta morirse de cualquier manera.
Es igual morirse en la primavera
de un infarto, que si fuere mordido
por las garras del hambre, o aterido
en un invierno languido cualquiera"
A mi me da lo mismo de sentirme,
callada la voz, al pie de una roca
muerto, para no volver, o evadirme.
Vengame a mi la muerte que me toca.
Me es indiferente de que morirme;
aunque es mejor morirse de tu boca.
Doblando estan lugubres las campanas.
Suena tambien el corazon a llanto.
En las frias veredas del espanto
un niño corre a las haldas cercanas.
Sonando esta el bronce. Por las ventanas
penetra sombra oscura con el canto.
A este niño mio yo lo levanto
a la luz saliente de las mañanas.
Suenan las campaanas campaneras
de Ciudad campanera. A lo lejos...
oscurecen el lejano camino
las oscuras corvidas mañaneras.
En la tarde clara de los espejos
hundese la luz del sol mortecino.
La esperanza os dejare todavia,
no lo que soy yo ni lo que hube sido.
Lo he tenido todo ya por perdido.
Aun perdido, lo doy con alegria.
La esperanza os dejare en la agonia...,
cuando me vaya, tiempo no venido.
Que yo os dejare lo no prometido
-aun contra mi voluntad, a fe mia-.
He de dejaros,´porque el destino
de vivir aqui, al final, es irse
lleno de fe o desnudo como vino.
Cuan amargo es el vivir -Dios lo ampara-.
Ganando esta el que sabe prevenirse
en lo que preve su mirada clara.